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La Biblioteca de Alejandría

Descanse en paz, periodista Carlos Salazar Fernández. Si este humilde homenaje llega a sus seres queridos, les transmito toda la paz posible, de parte de un admirador agradecido del trabajo de don Carlos.

Uno de los secretos de los grandes escritores es nunca revelar sus secretos. Mas yo no soy un gran escritor y por tanto esta es una de mis claves: jamás escribir sobre fútbol ni sobre religión como tema central en mis opiniones.

Pero a fines del verano pasado, el agitado movimiento de sotanas carmín en Roma anunciaba a los mortales el aleteo del Espíritu Santo en tierras ultramontanas, así que decidí romper mis propias reglas. Tomé lápiz y papel, afilé mis instrumentos, y me dispuse a componer un breve ensayo sobre el tema de la sucesión papal.

Tanto tardé en redactar el bendito artículo, que cuando di forma a la introducción el papa había muerto. Cuando terminé el análisis bibliográfico y la exposición de ideas, el cónclave había emitido fumata bianca. Mientras garabateaba las conclusiones, el Servidor de los Siervos León XIV emitía su primera Urbi et Orbi, donde clamó por “una paz desarmada y una paz desarmante, una paz humilde y perseverante...”

Mi artículo, hoy desaparecido, era una profecía sobre el futuro de la Iglesia, y una exposición de teología de la liberación. Según Juan, el por entonces llamado Rabbi Yeshúa a quien ustedes identifican como el Cristo, siempre iniciaba las comunicaciones con su padre con un agradecimiento. Siguiendo su divina enseñanza mi escrito comenzaba diciendo gracias:

Los seres humanos de buena voluntad en general, y los cristianos aperturistas en particular, agradecemos al padre por el servicio de Francisco, obispo de Roma. Y respiramos tranquilos porque el Espíritu Santo depositó las llaves de Pedro en las manos de León, otro de los nuestros.”

Continuando con las formas ancestrales del catolicismo mi reflexión concluía recordando a la Virgen pidiendo su intercesión:

Y que sea María, en su advocación de madre adolescente inmigrante refugiada perseguida política palestina, la que nos recuerde que significa la esperanza y dónde tiene su origen.”

Luego envié mi escrito para publicación a los periódicos tradicionales de circulación nacional. (A todos menos a uno, el más venerable de todos los rotativos de Costa Rica. No lo remití al Eco Católico, en circulación ininterrumpida desde 1883, temeroso de ganar todavía más puntos para la excomunión.) Los otros diarios no me respondieron ni gracias, y me olvidé del tema. Pero semanas después recibí respuesta de don Carlos Salazar disculpándose por su tardanza, pues se encontraba en el Uruguay por motivos médicos. Él prometió publicar mi escrito en su diario. Breves y caballerosos saludos intercambiados. Promesas de seguir en contacto de rigor.

Muy distintos son los tiempos de Jh’ y de los hombres. Los molinos de Dios muelen lento. Por fin en junio de 2025 mi escrito fue publicado en “Diario Digital Nuestro País”.

El 22 de septiembre a la edad de 73 años, Carlos Salazar Fernández se despidió de entre nosotros. En octubre, “elpais.cr” desapareció de la superficie visible del internet con todo su contenido original.

Este era el un diario digital abiertamente socialista de alcance nacional, y bajo esos parámetros, el último de su especie. Don Carlos inició su proyecto en las épocas de la lucha contra el TLC, y hasta el final de su vida se dedicó a ofrecer una voz alternativa. La página mantenía plugins arcaicos, como el contador de vistas o los comentarios de Facebook directamente debajo del texto. Gracias a eso, pude conocer cuántas almas se habían recreado leyendo mi texto, y obtuve alguna de la retroalimentación más valiosa que he recibido en mi carrera. Por ejemplo, el usuario de Facebook “Cosme Fulanito”, disertó: “ustedes los teólogos son los últimos en la línea de la fe”. Gracias “don Cosme”, usted está cerca de la verdad.

La desaparición de un periódico costarricense con todo su contenido me hizo pensar por unos segundos en el sentimiento de los cultos habitantes del imperio grecorromano cuando escucharon del incendio de la Biblioteca de Alejandría, que albergó todos los libros de la humanidad.

El incidente de la quema de la biblioteca es una metáfora tan poderosa sobre la fragilidad del conocimiento humano, que el astrofísico agnóstico Carl Sagan lo menciona como parábola de inicio y cierre de la mítica teleserie “Cosmos un viaje personal”. (Si usted está depre por lo que ocurre en este momento en tiquicia y desea pensar en algo hermoso lleno de música, filosofía y ciencia, le recomiendo ver la serie completa aquí, y hasta puede ver la segunda parte ejecutada una generación después por el científico del meme Neil deGrasse Tyson. Aproveche antes que desaparezcan o nos cobren por verlas).

En el documental de trece capítulos, Sagan relata en los episodios I y XIII que los cristianos bárbaros descuartizaron a la matemática neoplatónica Hipatia de Alejandría y quemaron la biblioteca por considerar que su erudición pagana era una amenaza contra su rudimentaria secta paleo-histórica. La metáfora se extiende a múltiples paralelos, como la quema de los códices mayas de astronomía por parte de los analfabetos conquistadores españoles, o el futuro que nos aguarda a todos en una guerra nuclear.

En realidad, la Biblioteca de Alejandría no se quemó una vez, sino como cinco veces en siglos de historia. Y no se quemó de golpe, más bien fue decayendo poco a poco por la negligencia de los reyezuelos herederos de los faraones y césares. Y a Hipatia no la asesinaron por atea, si no por una disputa de poder entre varones de Egipto. Y los restos de la biblioteca clásica se quemaron en una guerra en el siglo III e.c., mientras que Hipatia vivió en el siglo V e.c. ella nunca vio la biblioteca ni la mataron los cristianos.

Y los libros que había en la biblioteca no desaparecieron definitivamente, pues la institución era más bien como una fotocopiadora. Los sabios iban allí a elaborar traducciones de todos los libros de la tierra, y volvían con exquisitas copias en griego. El conocimiento de la Biblioteca de Alejandría no se quemó, se dispersó por todo el mundo con efectos hasta nuestros días. Por ejemplo, Zenódoto el efesio inventó el orden del alfabeto y tradujo los poemas de Homero a la versión de la Odisea que hoy se utiliza para torturar colegiales. En la biblioteca también trabajaron Arquímedes, Euclides (padres de la física y la matemática) y Eratóstenes, quien postuló la circunferencia de la tierra.

El ejemplo más conocido de este proceso de elaboración de conocimiento es la “Biblia Septuaginta” o traducción de la Torah hebrea al griego. Sin las copias en griego del Primer Testamento surgidas en Alejandría nosotros no conoceríamos la Biblia, pues el hebreo antiguo es incomprensible a propósito, y los romanos quemaron el Templo de Herodes y todos los rollos sagrados, asesinaron a los sacerdotes y expulsaron a los hebreos de Jerusalén, creyendo que acabarían de raíz con nuestra molesta religión. Garrafal error.

Por eso los cinco evangelistas (Mateo, Marcos, Tomás el gemelo, Lucas y el discípulo amado) escribieron sus historias en el exilio, en idioma pagano, y en cumplimiento de la profecía de Isaías traducida al griego. De no haber existido el trabajo de los sabios de Alejandría, no tendríamos ni la Biblia, ni las matemáticas, ni Colón hubiese descubierto América buscando India, ni hablaríamos español. Tal vez tendríamos ocho almas y no comeríamos nada con azúcar ni gluten, como los compatriotas bribris y cabécares antes de la llegada de los barcos.

Muchos periódicos y revistas han desaparecido en la brevedad de nuestra vida. Yo inicié este deporte de escribir en la desaparecida “Prensa Libre”. La generación anterior tuvo la revista “Kasandra”, cuyos ejemplares son hoy objeto de culto. La primera edición de Crhoy fue en 2008. La de Elmundo en 2015. Elobservador debutó en 2018. Mientras que “89decibeles.com” salió del aire en marzo de ese mismo año (pero el dueño sigue pagando por el nombre del dominio, no vaya a ser que alguien se ponga creativo). ¿Cuándo será la última edición del periódico que hoy nos reúne?

El astrofísico Carl Sagan conoció la versión romántica e históricamente imprecisa del suceso de la quema de la biblioteca y el asesinato de Hipatia, lo cual lo llevó a ser uno de los mejores científicos y pedagogos de la historia.

Del mismo modo, la pérdida del hoy legendario trabajo de Carlos Salazar Fernández quizá inspire una nueva generación de comunicadores digitales sin miedo, en un tiempo y continente donde ser periodista es más peligroso que ser soldado.