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Investigación internacional señala que árboles de rápido crecimiento ponen bajo presión la biodiversidad y la resiliencia climática

Costarricense Eduardo Chacón forma parte del equipo internacional que realiza un estudio sobre este tema.

Eduardo Chacón, investigador del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ecología Tropical (Cibet) de la Universidad de Costa Rica (UCR), es parte del equipo de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia que desarrolla un proyecto que, entre otras cosas, señala que los bosques del mundo están entrando en una nueva era caracterizada por la homogeneización, la pérdida de biodiversidad y el debilitamiento de los ecosistemas.

El equipo científicos realizó un análisis de más de 31 000 especies de árboles en todo el mundo. Esto proporcionó una imagen global del probable cambio de los bosques, en términos de composición, resiliencia y funcionamiento ecológico.

El estudio respectivo fue publicado en la revista internacional Nature Plants. Entre los hallazgos principales destaca que “a medida que se desplazan los árboles nativos, la biodiversidad disminuye, la resiliencia a las enfermedades disminuye y los bosques pierden capacidad para almacenar CO₂”.

Además, indica que como consecuencia del cambio climático, la deforestación y la pérdida de hábitat, se están creando bosques más uniformes, dominados por especies de rápido crecimiento.

La publicación señala:

Los bosques estarán cada vez más dominados por tipos de árboles de crecimiento rápido, mientras que las especies de crecimiento lento y más especializadas corren el riesgo de desaparecer”.

La investigación también advierte sobre la pérdida de especies arbóreas que solo se producen en zonas muy limitadas del mundo, especies sumamente singulares, concentradas en regiones tropicales y subtropicales, donde la biodiversidad es alta y los ecosistemas están estrechamente interconectados.

“Cuando desaparecen especies nativas especializadas, quedan vacíos en los ecosistemas que las especies exóticas rara vez llenan”, señala parte de los resultados obtenidos.

El grupo investigador también logró mostrar que casi el 41 % de las llamadas especies arbóreas naturalizadas (especies que no se dan de forma natural en una zona determinada, pero que ahora crecen silvestres allí) posee características como un crecimiento rápido y hojas pequeñas. Esto las hace muy adecuadas para entornos perturbados, pero rara vez cumplen las mismas funciones ecológicas que las especies nativas.

Las especies tropicales son particularmente vulnerables

Según concluye el equipo de investigación, la homogeneización forestal afecta con especial dureza a los trópicos y subtrópicos, y los futuros aumentos en el peligro de extinción de las especies arbóreas se concentrarán en estas regiones donde se encuentran muchas especies de árboles de crecimiento lento con áreas de distribución naturalmente pequeñas.

Al estar confinadas en áreas muy limitadas, esas especies son particularmente vulnerables y corren el riesgo de desaparecer por completo si sus hábitats son destruidos o invadidos por especies de crecimiento rápido.

El estudio señala que las actividades humanas son los principales impulsores de los cambios en la composición de los bosques: el cambio climático provocado por el ser humano, la deforestación para construir infraestructura, la silvicultura intensiva, la tala y el comercio mundial de especies arbóreas.

El estudio indica:

Los árboles de crecimiento rápido suelen promoverse activamente porque producen madera o biomasa rápido. Sin embargo, ecológicamente, suelen ser frágiles y más propensos a enfermedades”.

El trabajo destaca que estas especies, aunque se establecen y crecen bien, son más vulnerables a sequías, tormentas, plagas y perturbaciones climáticas. Esto hace que los bosques sean menos estables y menos eficaces para almacenar carbono a largo plazo.

Dicha investigación concluye que “es urgente detener la pérdida de especies arbóreas de crecimiento lento. Esto puede lograrse dándoles mayor prioridad en la gestión forestal y mediante una restauración más activa de los ecosistemas. Esto aumentaría la diversidad y la resiliencia de los bosques”.