En derecho se distingue entre la verdad real y la verdad material. Esta última es demostrable con evidencias, mientras que la primera es una verdad que está más allá de demostración. En tiempos de posverdad debemos distinguir la verdad de las mentiras virales, que tienen a veces más incidencia e impacto que la verdad misma.
Este fenómeno se debe a la economía de la atención, entendida como la asignación de recursos escasos a necesidades ilimitadas. El recurso escaso es nuestra atención mientras que las necesidades ilimitadas es la infinita oferta de contenido digital que existe en internet. Eso facilita la creación de fantasías y ficciones presentadas como verdaderas que se viralizan y distorsionan el orden al que aspiramos como sociedad.
El desorden adquiere tintes de crisis cuando genera volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. Múltiples escenarios de la realidad actual, a nivel comunitario, nacional y global, reúnen esas características. A propósito, consideramos la gestión de talento de vital importancia para navegar de la turbulencia a la paz.
Cada persona tiene circunstancias singulares y propias. La turbulencia se manifiesta de manera única para cada individuo y la navegación requiere herramientas y destrezas particulares en cada caso. No existe una píldora o pócima que le sirva a todos por igual, pero sí podría cada persona construir su propia “cuchilla suiza” para echarla en su bolsillo.
Gestionar el talento implica gestionar la atención: o nos la prestamos a nosotros mismos o le prestamos atención a otros – y sus contenidos. Gestionar la atención requiere tomar decisiones. La coherencia entre nuestro anhelo de bienestar y sentido de propósito exige claridad sobre cuáles y cuántas decisiones tomar, cuándo y cómo las tomamos.
En particular, la inteligencia artificial ha venido a convertirse en una oportunidad forzada para toda persona cuya zona de confort será perturbada por esta arrasadora tecnología. Forzada, porque será imposible mantenerse al margen de su influencia. Oportunidad, pues la creación de nuevo valor implica salirse de nuestra zona de confort. Estamos hablando de valentía como emoción y de antifragilidad como actitud. Estamos a punto de tomar la decisión de si nos robustecemos en la adversidad y damos el paso hacia lo desconocido que está por venir.
Mientras esto sucede, nuestro sistema nervioso y endocrinológico están activados en modo de alerta todo el tiempo, estresando capacidades biológicas diseñadas para atender situaciones de vida o muerte por brevísimos períodos: huir del tigre, alertar sobre la caída de una rama, atajar a quien tropieza frente al fuego. Estos sistemas no están hechos para producir cantidades interminables de hormonas como si viviéramos en estado de emergencia crónica.
De niños, algunos gustaban de entrar en la casa de sustos durante las fiestas de su comunidad. La emoción temporal de ser asustados era atractiva y se pagaba por ella. Hoy en día vivimos en una casa de sustos y debemos gestionar nuestro talento con la intención de proteger aquello que es más preciado para nosotros. Cada vez más personas manifiestan que lo que más anhelan es vivir en paz. Es posible. Depende de cada uno emprender ese camino empezando por la atención.
Escuche el episodio 305 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Gestionar la atención”.
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