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Geografía, pobreza y populismo en las urnas costarricenses

En octubre de 2024, el Atlas de Desarrollo Humano Cantonal de Costa Rica señalaba que aproximadamente un 10% de la población vive en cantones con alta o muy alta pobreza multidimensional. La mayoría de estos cantones se ubican en zonas fronterizas —seis de once, tanto en la Zona Norte como en la Zona Sur—, mientras que en la Región Central únicamente Turrialba aparece con un índice de pobreza multidimensional (IPM) alto. El resto de los cantones centrales se concentran en niveles bajos o muy bajos de pobreza, según el propio Atlas.

Si se cruzan estos datos con los resultados de las elecciones del 1 de febrero, el panorama se vuelve revelador. En las provincias con zonas fronterizas —Guanacaste, Alajuela, Limón y Puntarenas— el partido Pueblo Soberano obtuvo las mayores diferencias de votos frente a su principal rival, Liberación Nacional.

Fuente: Conteo elecciones Costa Rica, corte 11 del TSE.

En la Región Central, la disputa fue más pareja: el partido ganador se impuso en tres de las cuatro provincias, pero con márgenes mucho más estrechos. La conclusión inmediata es clara: las provincias con mayor cantidad de cantones con IPM alto apoyaron con más fuerza a Pueblo Soberano.

Un análisis de dispersión entre IPM cantonal y porcentaje de votos confirma esta correlación:

  • Para Pueblo Soberano, conforme aumenta el IPM, aumenta también el porcentaje de votos.
  • Para Liberación Nacional, ocurre lo contrario: conforme disminuye el IPM, crece su apoyo.

La geografía económica condicionó el voto, sin duda. Pero los gráficos revelan algo más: los cantones con IPM alto respaldaron a Pueblo Soberano con mayor intensidad (hasta un 70% en algunos casos), mientras que los cantones con IPM bajo apoyaron a Liberación Nacional con menor fuerza (su techo apenas alcanzó el 45%). Incluso los cantones con IPM medio y medio alto se inclinaron con más contundencia hacia Pueblo Soberano.

La explicación más sencilla sería atribuir la decisión electoral a la condición económica. Sin embargo, la Ciencia Política nos invita a ir más allá de ese determinismo. ¿Qué comparten un cantón costero con IPM muy alto y un cantón central con IPM bajo o medio bajo? No necesariamente la pobreza, sino demandas insatisfechas: en un caso pueden ser económicas, en otro la inseguridad o la desilusión por los grandes escándalos de corrupción previos a 2022.

Fuente: Conteo elecciones Costa Rica, corte 11 del TSE febrero 2026 e Índice de Pobreza Multidimensional del Atlas de Desarrollo Humano Cantonal 2024

Lo que hizo Pueblo Soberano fue articular esas demandas diversas y atribuir su origen a una élite o casta, ofreciendo una solución unificada en torno a un solo personaje. El teórico argentino Ernesto Laclau definió este fenómeno como la construcción de cadenas de equivalencia (demandas distintas que se reconocen como parte de una misma lucha) y su articulación bajo un significante vacío (un símbolo o líder que las unifica). Quien logra esa articulación se convierte en líder político, y cuando el poder se obtiene de esa forma hablamos de populismo.

Lo que vivimos el pasado 1 de febrero en Costa Rica es precisamente eso: la expresión del populismo en las urnas. El IPM cantonal y el desarrollo desigual de nuestras regiones ofrecen un mapa claro para ilustrar cómo la geografía y la política se entrelazan en la construcción del “pueblo” y en la definición de su voto, Pueblo Soberano no gano por que los cantones con IPM alto existan o por que las Zonas Costeras de nuestro país tengan peor desarrollo, Pueblo Soberano ganó por que durante mucho tiempo ha venido consolidando un discurso populista.