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Envejecer bien con aprendizaje a lo largo de la vida

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Durante mucho tiempo, la vejez fue entendida como una etapa homogénea, asociada casi exclusivamente a la jubilación, las pérdidas o la dependencia. Sin embargo, hoy sabemos y lo comprobamos cada día en espacios familiares, comunitarios y educativos que la vejez es diversa. No existe una sola vejez, sino muchas, porque cada persona es única e irrepetible. Por lo tanto, no hay una única forma de envejecer; existen tantas como personas, ya que el proceso de envejecimiento varía según factores biológicos, hereditarios, de estilo de vida y contextuales, entre otros. Esta mirada parte del enfoque del envejecimiento activo y las aportaciones de Rocío Fernández-Ballesteros, quien subraya que envejecer bien no es cuestión de azar, depende de muchas condiciones, entre ellas al acceso pleno a espacios de participación y educación permanente. 

Desde la Gerontología Educativa, el aprendizaje continuo se concibe como una herramienta clave para el bienestar en la vejez. Aprender a lo largo de la vida es un derecho de todas las personas, independientemente de su edad. Este derecho no solo comprende la adquisición de conocimientos académicos, sino también el acceso y la participación en espacios de educación no formal e informal.

Ejemplo de ello son las iniciativas educativas que promueven formaciones técnicas y ocupacionales, así como propuestas orientadas al desarrollo personal, al bienestar integral y a la educación comunitaria, tecnológica, cultural y artística. Estas experiencias generan beneficios en cualquier etapa del ciclo vital, pues fortalecen la autoestima, favorecen la autonomía, resguardan la dignidad y contribuyen a una vida plena.

En la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO) se promueve el derecho a la educación a través de la educación no formal, mediante cursos en áreas como tecnologías, actividad física, salud integral, idiomas y arte. Así, el aprendizaje también se nutre desde los ámbitos cotidianos e informales. Las personas mayores encuentran nuevas oportunidades de crecimiento al ser partícipes en espacios intergeneracionales, asociaciones y grupos comunales, voluntariados o emprendimientos, donde pueden poner en práctica sus habilidades y comparten su experiencia. 

Aprender a envejecer de manera activa y satisfactoria implica reconocer y aceptar los cambios, cuidar de la salud física y emocional y, al mismo tiempo, no renunciar al deseo de seguir desarrollándose. Como plantea Fernández-Ballesteros, el bienestar en la vejez se construye combinando estilos de vida saludables, relaciones significativas, sentido de vida y participación social. La edad no limita la capacidad de aprender; por el contrario, aprender es una de las mejores estrategias para envejecer mejor.

La vejez no es pasiva ni homogénea. Es una etapa con potencial para continuar desarrollándose, aportar a otras personas y vivir con vitalidad. Promover espacios formativos, educativos y sociales donde las personas adultas y adultas mayores puedan aprender, compartir y crear es promover una vejez más justa, más humana y, sobre todo, más plena.

Artículo de opinión escrito por Ana Matilde Ordeñana Iraheta, licenciada en Educación Física, con Diplomado en especialización en Educación de Personas Adultas Mayores y coordinadora del Proceso de Gestión de Aprendizaje y Conocimiento de AGECO.

*Fuente bibliográfica: Fernández-Ballesteros, R. (2002). Vivir con vitalidad: Envejecer bien y cómo lograrlo. Pirámide.