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Dólar bajo: Canapep alerta riesgo para competitividad y recaudación fiscal

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La resolución que elimina los aranceles que habían sido impuestos a varios productos de Costa Rica es una noticia positiva para el país y para el sector exportador. En Canapep la recibimos con motivación, porque era un desafío que el sector tenía identificado para este 2026. En justicia, también corresponde reconocer el esfuerzo técnico y diplomático de Comex y Procomer: desde el inicio, la meta fue volver al marco del CAFTA-DR y hoy ese trabajo rinde frutos.

Ahora bien, precisamente porque sabemos lo que cuesta recuperar competitividad en el exterior, no podemos ignorar el desafío interno que sigue golpeando a la producción exportadora: el tipo de cambio. Ese reto no depende de decisiones del mercado al que exportamos; depende de condiciones internas que venimos enfrentando desde hace varios años.

Cuando el dólar baja, la caja de muchas actividades se aprieta

Exportar es una ecuación sencilla: la mayoría de ventas se realizan en dólares, mientras que buena parte de los costos se pagan en colones (salarios, servicios, logística interna, seguridad, mantenimiento, entre otros). Cuando el colón se aprecia de forma sostenida, por cada dólar exportado se reciben menos colones para cubrir obligaciones. Eso no es un “drama sectorial”; es aritmética productiva.

Y cuando la aritmética se vuelve cuesta arriba, el impacto aparece donde más duele: en inversión que se posterga, en mantenimiento que se recorta, en innovación que se ralentiza y en empleos que no se crean o que se vuelven más difíciles de sostener. En una actividad con encadenamientos productivos, el golpe se multiplica: afecta fincas, plantas, transporte, proveedores y comercio local.

El tipo de cambio también toca la recaudación fiscal

Aquí está el punto que como país debemos conversar con madurez. El Banco Central debería analizar qué puede pasar con la recaudación fiscal que Costa Rica necesita para infraestructura, programas sociales, educación y seguridad.

¿Por qué? Porque cuando la competitividad se deteriora, la economía se enfría y el Estado lo siente: menos dinamismo productivo suele traducirse en menor base imponible, menos inversión y menos empleo formal. Y sin empleo e inversión es más difícil sostener la recaudación que financia el desarrollo.

Una encrucijada que podemos evitar

No se trata de pedir improvisaciones ni de politizar la política monetaria. Se trata de entender que, si no existe una postura más proactiva en las políticas cambiarias o monetarias, el país puede terminar en una “encrucijada muy peligrosa”.

Lo digo con responsabilidad: la competitividad que Costa Rica defiende con éxito en el frente comercial puede perderse por decisiones internas si no se mira el panorama completo. El daño no se queda en una industria: termina afectando directamente al país y puede impactar la recepción de recursos por medio del Ministerio de Hacienda.

¿Qué le pedimos al Banco Central?

Desde Canapep planteamos un llamado sencillo: análisis, diálogo y equilibrio. Es momento de que el Banco Central se siente a meditar qué ha cambiado en la economía para sostener medidas tan fuertes respecto al tipo de cambio.

Ese análisis debe incorporar escenarios de impacto en competitividad, inversión, empleo y recaudación. No para comprometer la independencia del Banco Central, sino para tomar decisiones con visión país y con lectura completa de consecuencias.

La agenda de competitividad no se agota en el tipo de cambio

El tipo de cambio es un factor determinante, pero no es el único. Costa Rica también necesita acelerar reformas que reduzcan costos y fricciones: logística, infraestructura, simplificación de trámites, eficiencia operativa y reglas claras para invertir. Si logramos bajar costos país, la economía productiva respira mejor y el fisco también.

Cerrar el capítulo arancelario y abrir el capítulo interno

Celebramos la eliminación de los aranceles: es un alivio para la estabilidad comercial y un reconocimiento a la gestión técnica del país. Pero sería un error pensar que con eso “todo está resuelto”. El desafío del tipo de cambio sigue ahí, presionando márgenes, decisiones de inversión y, en última instancia, la recaudación que sostiene el desarrollo nacional.

Costa Rica puede evitar la encrucijada si hace lo que ha hecho bien en otras áreas: sentarse a la mesa, analizar con datos, anticipar impactos y construir equilibrio entre estabilidad macroeconómica y competitividad real.

No podemos seguir reemplazando productividad con endeudamiento. Un país que necesita recurrir cada vez más a préstamos para “subsistir” es un país que está dejando de fortalecer su base productiva. El mejor plan fiscal es un plan de competitividad: condiciones internas que permitan producir más, exportar mejor y crear empleo formal. Ese es el camino para recaudar con estabilidad, sin hipotecar el futuro y sin poner el peso del desarrollo sobre generaciones que aún no han nacido.

Escrito por: Abel Chaves Trigueros. Presidente de la Junta Directiva Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep)