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Del campo a la nube

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“La transformación digital pendiente en la agroexportación costarricense”

Por: Ricardo Guerrero, CEO New Street Group.

Son las 5:40 a.m. en una empacadora en Guanacaste. El contenedor sale en cuatro horas rumbo a Europa. 

Falta un documento.

El encargado revisa tres hojas de Excel distintas. La información no coincide. Un número de lote está diferente. El certificado fitosanitario todavía no está listo.

Afuera, el camión espera con el motor encendido.

Cada minuto cuesta dinero. Cada error puede costar un cliente.

Esto no es una exageración. Es la realidad diaria de buena parte de la agroexportación costarricense.

Durante décadas, el sector ha operado con procesos que funcionan… hasta que dejan de funcionar.

Registros en papel.

Hojas de cálculo aisladas.

Información que vive en el teléfono de alguien. Correos urgentes a última hora.

Y cuando todo se junta —cosecha, empaque, logística, documentación, auditorías— la presión se multiplica.

El reto ya no es solo producir fruta de calidad.

Es demostrar, con datos sólidos, de dónde viene cada caja, cómo fue manejada y bajo qué condiciones salió del país.

En mercados como Europa y Estados Unidos, la trazabilidad no es un valor agregado. Es un requisito. Y cuando algo falla, no se habla de “ineficiencia operativa”. Se habla de:

Rechazo de embarque. Multas.

Pérdida de cliente.

Miles de dólares evaporándose en horas.

El agro no es ordenado. Es presión constante.

Cuando el problema deja de ser “tecnológico”

Una empresa costarricense productora y exportadora de melón y sandía, Melones de la Península (Melopen), con más de 30 años de trayectoria en Guanacaste, decidió enfrentar esta realidad de raíz.

Hasta hace poco, su operación era la típica del sector: papel en campo, Excel en oficina, llamadas urgentes entre planta y comercio exterior, y documentación preparada bajo presión antes de cada salida a puerto.

No era falta de experiencia. Era fragmentación.

El problema no era producir. Era conectar todo.

La decisión no fue “hacer una app”. Fue eliminar el caos.

El salto: integrar toda la operación

Primero digitalizaron el campo. Cada siembra, cada monitoreo, cada cosecha comenzó a registrarse en un sistema centralizado. Cada lote dejó de ser una hoja suelta y pasó a formar parte de una línea trazable que continuaba en planta y terminaba en el contenedor.

Luego conectaron la empacadora. Cada caja incorporó identificación digital por lote mediante códigos QR o de barras. Ya no se dependía de memoria ni de transcripciones manuales.

Finalmente, atacaron el punto más crítico: la documentación. En lugar de digitar la misma información tres veces en distintos formatos, los documentos comenzaron a generarse automáticamente a partir de los datos ya registrados en producción: certificados, listas de empaque y facturas.

El error humano dejó de ser el centro del sistema.

Lo que cambió no fue el software. Fue el control.

En una temporada productiva completa, la empresa pasó de operar reaccionando a operar con visibilidad en tiempo real.

La gerencia comenzó a ver cosecha, empaque y embarques desde un solo lugar. Los tiempos de preparación documental se redujeron drásticamente.

Ante cualquier reclamo sanitario o auditoría, podían identificar un lote específico en cuestión de horas, no días.

Campo, planta y comercio exterior comenzaron a hablar el mismo idioma: datos consolidados.

Y en un entorno donde un error puede costar miles de dólares, esa diferencia cambia el margen, la tranquilidad y la reputación.

Digitalizar no es modernizar, es blindar.

Costa Rica ya demostró que puede competir por calidad.

Pero hoy la ventaja competitiva no viene solo del clima ni del tamaño de la finca. Viene del control.

Del dato en tiempo real. De la trazabilidad verificable. De la capacidad de responder en horas, no en días.

Detrás de este proceso estuvo un equipo costarricense especializado en transformación digital productiva, con raíces familiares en la agricultura guanacasteca, que entendía que esto no se trataba de software elegante, sino de operación real de campo.

Un equipo que hoy opera bajo el grupo tecnológico New Street, enfocado en digitalizar cadenas productivas completas, no solo desarrollar aplicaciones aisladas.

La visión fue clara: no crear una herramienta más, sino construir infraestructura digital que conectara campo, planta y comercio exterior como un solo sistema.

Porque cuando la información fluye sin fricción, el margen mejora. Cuando el dato es confiable, la reputación se protege.

Y cuando la operación está integrada, la empresa deja de reaccionar y empieza a anticipar.

La digitalización dejó de ser aspiracional. Se convirtió en infraestructura productiva.

La decisión que viene

El agro costarricense enfrenta márgenes más ajustados, presión climática y mercados más exigentes que nunca.

La pregunta ya no es si el agro puede digitalizarse. La pregunta es:

¿Quién va a liderar la transición hacia una agroexportación conectada y resiliente?

¿Y quién va a seguir operando como hace 20 años, esperando que nada falle?

La competitividad país ya no depende solo de la tierra, depende de la capacidad de transformar datos en control operativo. 

Y esa transformación ya empezó.