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Costa Rica puede liderar la gobernanza de los agentes autónomos

Durante décadas, internet funcionó sobre un supuesto tan fundamental que casi nadie lo cuestionó: del otro lado siempre hay un ser humano.

Las cuentas bancarias, los contratos digitales, las firmas electrónicas, los sistemas de identidad — todo fue diseñado asumiendo singularidad humana. Una cuenta. Una persona. Un responsable.

Ese supuesto ya se rompió.

Los agentes de inteligencia artificial pueden hoy navegar, transaccionar, firmar contratos y tomar decisiones de forma autónoma — a escala, de manera indistinguible de un humano. Están pasando verificaciones de identidad diseñadas para personas. Ejecutando transferencias financieras. Gestionando infraestructura crítica. Sin que ningún ser humano esté visible en el proceso.

El problema no es que los agentes autónomos existan. El problema es que nadie sabe qué ser humano es responsable de lo que hacen.

Esta mañana publiqué un marco de referencia de dominio público para responder esa pregunta. Se llama Human Root of Trust — la Raíz Humana de Confianza — y establece un principio simple: todo agente debe poder trazarse hasta un ser humano.

No es un producto. No es un estándar propietario. Es una arquitectura abierta: tres pilares (prueba de humanidad, identidad de dispositivo con respaldo en hardware, y atestación de acciones), una cadena de confianza de seis pasos, y una invitación abierta a construir sobre ella.

Lo dediqué al dominio público porque creo que las ideas más importantes deben ser de todos.

¿Por qué le importa esto a Costa Rica?

Porque Costa Rica tiene una oportunidad histórica que pocas naciones pequeñas han tenido: definir las reglas de un juego nuevo antes de que los grandes jugadores lo hagan por todos.

No es la primera vez que el país elige el camino correcto antes de que sea obvio. En 1948, Costa Rica abolió el ejército cuando la región entera apostaba por la fuerza. Décadas después, apostó por la educación y las energías renovables cuando otros priorizaban industrias extractivas.

La gobernanza de los agentes autónomos es el próximo territorio donde una nación pequeña, ágil y con tradición democrática puede marcar la pauta.

El BCCR ya opera infraestructura de pagos digitales de clase mundial. El gobierno ha invertido en identidad digital. Hay ingenieros costarricenses trabajando en las empresas tecnológicas más importantes del mundo — muchos de ellos pensando exactamente en estos problemas.

Lo que falta no es capacidad. Lo que falta es el marco de referencia y la voluntad de nombrarlo primero.

La pregunta que reguladores, auditores y contrapartes van a hacer — ya la están haciendo — es simple: ¿quién es el humano responsable de lo que hizo este agente?

Las empresas y los países que puedan responder esa pregunta van a operar. Los que no puedan, van a enfrentar un vacío legal y de confianza que nadie ha resuelto todavía.

Costa Rica puede ser de los primeros en resolverlo. No porque tenga los recursos de Estados Unidos o la escala de la Unión Europea — sino precisamente porque no los tiene. La agilidad es su ventaja. La claridad de principios es su tradición.

El marco está disponible en humanrootoftrust.org. Es de dominio público. No hay patente. No hay empresa detrás. Solo una idea que creo que vale la pena construir — y la esperanza de que alguien en este país decida que vale la pena liderar.