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Construyamos puentes y abramos caminos

Como aclaración previa, esta no es una opinión sobre la infraestructura vial de nuestro país. Sin embargo, tiene una relación íntima con la infraestructura y la solidez de nuestros valores democráticos como costarricenses.

Unas cuantas horas antes de ejercer mi voto, tuve la grata posibilidad de conversar y compartir con una persona cuya intención de voto, parecía totalmente opuesta a la mía. Nos dimos la oportunidad de enriquecer nuestros puntos de vista mediante el intercambio de ideas, sin necesidad de ataques personales ni la intención de adoctrinar al otro para modificar su decisión. En el diálogo, encontré la esperanza y la convicción que la población costarricense no requiere estar de acuerdo en todo para entenderse. Aunque nos hayan hecho creer que la diferencia equivale al conflicto, aún hay puntos de encuentro que nos permitirían avanzar.

Tener la posibilidad de encontrar puntos medios en la discusión política en un marco de respeto no es tibieza ni cobardía. Todo lo contrario, es un acto de valentía y madurez que se requiere para sostener la democracia.

Hoy, que nos han convencido de que la opinión disidente a nuestras convicciones genera enemistad, conviene recordar la cultura democrática costarricense, que se caracteriza por el respeto a la diversidad, a nuestras garantías individuales y sociales, y ante todo, a la dignidad humana.

Tanto quienes han visto favorecidos sus intereses políticos, económicos o sociales con el resultado de las elecciones, como aquellas personas que no, les invito a compartir sus puntos de vista, no desde la confrontación, si no desde el diálogo, para buscar las soluciones que requiere Costa Rica ante el abismo que enfrenta en muchos temas de gran relevancia social, como la salud pública, la educación, la seguridad y prevención de la violencia, entre otros. Solo así se puede fortalecer el espíritu democrático.

Quizá podrán llamarme idealista, pero los ideales por los que se destaca Costa Rica, y por los que dirijo mi vida, se basan en el respeto, la justicia social y la defensa de los derechos de todas las personas que habitan nuestro país, independientemente de sus creencias personales, religiosas o políticas. Espero que esos ideales sigan sosteniendo a nuestro país, que se ha destacado como una rareza histórica en Latinoamérica por su compromiso con las instituciones democráticas.

No olvidemos que Costa Rica se enfrenta a retos y desafíos abismales, y en ese tanto, tenemos, al menos, dos caminos a tomar: caminar juntos y juntas por el futuro de nuestro país, a pesar de las diferencias, en busca de soluciones o bien, seguir distrayéndonos en la contienda innecesaria con el riesgo altísimo de caminar directo al precipicio.

A pesar de lo anterior, el respeto por la opinión ajena no nos exime del deber ciudadano de vigilancia crítica de quienes tienen el poder, independientemente del color de su bandera política. Lo anterior por que la democracia no se defiende cada cuatro años en las urnas, se trata de un estilo de vida lleno de convicciones e ideales, que debemos defender con todo fervor todos los días, desde del pacifismo, pero sin darle lugar a la pasividad.

Una vez finalizada la campaña electoral, es nuestro deber ético fundamental con la democracia, vigilar, unirnos y dialogar. Confío en que la población costarricense aún tiene esa capacidad de dejar de construir muros y empezar a construir puentes que nos abran el camino a una Costa Rica mejor.