
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es una fecha que motiva a reflexionar con profundidad la realidad de las mujeres en nuestro país, en especial, de las que conforman la población adulta mayor. Es imprescindible escuchar, atender y actuar por todas las mujeres, no solo las que nos importan (hermanas, tías, primas, madres, abuelas, vecinas). Brindarles apoyo y orientación para vivir plenamente, hacer valer sus derechos humanos y honrar su legado.
En Costa Rica según el Instituto Nacional de Estadística y Censos las mujeres hoy pueden superar los 83 años. Para que esta longevidad se convierta en calidad de vida, existen retos estratégicos. Hay muchas vejeces, así como historias y contextos. Al envejecer enfrentando carencias también se combate la indiferencia social. Algunas mujeres pudieron estudiar y desempeñarse en el mercado laboral, previendo para su vejez condiciones óptimas, no obstante, otras realizaron labores de cuido a familiares y asumieron tareas del hogar sin recibir pago alguno y sin prever para su envejecimiento y vejez.
En la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO) mantenemos un firme compromiso con apoyar a las mujeres que buscan aprender y disfrutar de sus talentos a través de los programas educativos, clubes artísticos, recreativos y programas de voluntariado. Esas oportunidades cambian vidas y las empoderan. Es necesario que los gobiernos locales destinen recursos para promover programas y actividades que generen bienestar y validación de derechos para las mujeres de todas las edades y en especial de las adultas mayores.
Es importante que las mujeres adultas mayores en Costa Rica reciban atención médica, cuenten con oportunidades laborales, recreativas, culturales y sociales; y gocen de estabilidad económica.
Las mujeres adultas mayores constituyen uno de los grupos más invisibilizados para nuestra sociedad. Muchas carecen de recursos económicos que les permitan vivir la vejez con dignidad y calidad de vida. Las desigualdades de género se acrecientan a lo largo de la vida y se magnifican en la vejez. Quienes enfrentan la pobreza, viven en exclusión y con una reducción importante en su autonomía.
No es suficiente romper el silencio y visibilizarlas, o brindarles apoyo asistencialista y capacitación en derechos humanos. Se requiere de políticas sociales con perspectiva generacional y campañas de concientización. Urgen los sistemas de salud especializados, la infraestructura urbana adecuada y los servicios de transporte inclusivos. Es imprescindible un cambio de cultura y de narrativas sociales para validar la trayectoria de las mujeres como portadoras de saberes, de memorias y de contribuciones sociales.
La igualdad de género es hacer valer los derechos humanos de las personas y debe prevalecer a toda edad para vivir de manera activa; con más oportunidades, empoderamiento, autonomía, calidad de vida y bienestar.
Artículo de opinión escrito por Johana Fernández Gómez, licenciada en Trabajo Social de la Universidad de Costa Rica, presidenta de la Junta Directiva de la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO).

