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Carta abierta a Laura Fernández

Estimada Laura,

No voté por usted.

Lo digo de frente y sin rodeos, porque la honestidad también es una forma de respeto. Aun así, respeto profundamente que haya sido electa y que hoy cuente con el respaldo político de más de 29 diputaciones. Eso no es poca cosa: es poder real, poder que puede cambiar leyes, rumbos y vidas en nuestro país.

Y justamente por eso, ese poder conlleva una responsabilidad enorme.

Aunque no comparta muchas de sus ideas ni su forma de ver el país, respeto su pensamiento. Al final, somos hijos e hijas de una misma nación, caminamos las mismas calles y soñamos, espero, con un Costa Rica mejor. Desde ahí le escribo.

Como ciudadano, hay cosas que me gustaría que mejoren. Algunas muy concretas.

Quisiera aulas dignas y una educación de calidad para los costarricenses. Salarios justos para las y los docentes. Aunque de esto último prefiero no pedir demasiado: soy profe y hay un evidente conflicto de intereses. Pero, aun así, la educación nunca debería ser vista como un gasto, sino como la inversión más seria que puede hacer un país.

Quiero una Caja sólida. Fuerte. Humana.

Para que mis sobrinitos, como tantos otros niños y niñas que se enferman, puedan ser atendidos sin que sus familias tengan que empeñar la casa, el carro o la paz mental. La salud no debería depender del tamaño de la billetera.

También quiero ver hechos realidad dos hospitales largamente prometidos y largamente postergados.

El hospital de Cartago, porque es la provincia que me vio crecer y porque su necesidad es tan evidente como histórica. Y el hospital de Limón, porque es la provincia donde vivo, donde veo todos los días la urgencia, la espera y la esperanza de que ese hospital deje de ser un render y se convierta, por fin, en una realidad.

Creo que si se aprueban jornadas 4×3, estas deberían ser de 36 horas semanales y no de 48. El trabajo debe dignificar la vida, no exprimirla. Y junto a eso, aumentos salariales reales, para que la gente no solo sobreviva, sino viva bien. Porque, al final, eso es lo más importante.

No le escribo desde el odio ni desde la burla. Le escribo desde la preocupación y la esperanza.

Pido al cielo que le conceda mucha sabiduría, porque la responsabilidad que hoy tiene sobre sus hombros es enorme, y las decisiones que tome no afectarán titulares, sino personas.

Ojalá esté a la altura.

Con respeto, un costarricense que no votó por usted, pero que sigue creyendo en el país.