Eran las nueve de la noche. Apenas un treinta por ciento de las mesas escrutadas, y ya era evidente el gane del partido oficialista. A lo lejos sonaban juegos de pólvora, desde Curridabat. Pensé en todo el dinero que debía haber ahí. Mi partido, con costos, tenía algunas banderas.
Entonces se me ocurrió salir de la casa, ir la Fuente de la Hispanidad. Mi hermano me llamó justo en ese momento: estaba ahí, nos dijo que llegáramos. Podíamos ir, aunque fuera a celebrar los diputados que habíamos ganado. Mi novio y yo nos pusimos un abrigo, nos subimos al carro, y apenas tomamos la calle principal de San Pedro supe que algo no estaba bien.
Bajaban carros enormes, nuevos, con música alta. Cada uno con dos, tres, hasta cuatro banderas gigantes del PPSO. Aun así dije, casi convencida: en la Hispanidad cabemos todos. Se lo dije a él, que iba manejando. No llegamos ni al Mall San Pedro. Tuvimos que dar vuelta en U. Esa calle ya no era nuestra. Veía cómo las personas bajaban banderas verdes, blancas y amarillas, y como los carrotes iban ocupándolo todo.
“Probemos por la otra calle” dije, con una esperanza irresponsable. Pensé, ingenuamente. Pero en voz alta dije otra cosa, algo que me salió desde el cuerpo:
Mejor quitemos la bandera. No es el lugar. No es el momento".}
Sentí miedo.
Teníamos que volver a Curridabat, por Zapote o por la principal de San Pedro. Y a una cuadra del Museo Nacional quedamos atrapados entre tres carros enormes, con música altísima. Ellos celebraban su gane. Sus dos, tres, cuatro banderas por carro.
Y sentí eso: que las calles ya no eran nuestras. Que había que devolverse por una ruta alterna.
31 diputados. Treinta y uno. No soy buena para la matemática, pero como abogada de derechos humanos entiendo fuerte y claro lo que eso implica. Somos minoría. Pero no somos pocos. Y aunque ayer bajé la bandera del carro, hoy empecé el día redactando una demanda, contestando prevenciones, defendiendo a trabajadoras, a mujeres, a madres.
Las calles pueden no haber sido nuestras anoche.
Pero el trabajo, la dignidad y la lucha, siguen siendo. Creo.
