El resultado de la última elección presidencial en Costa Rica resultó sorprendente para muchas personas. Ese inesperado efecto sorpresa tiene algo que ver con una ilusión desmedida que quizás las desconectó de la realidad. Escuchar el resultado final es entrar en contacto directo con el dato duro y la evidencia fáctica de lo que es real. El principal efecto que tiene entrar en contacto con la realidad es que somos capaces de saber lo que es verdadero y distinguirlo de lo que es falso.
Es paradójico, entonces, que tantas campañas políticas alrededor del mundo inviertan millones de dólares en mentirle a sus seguidores con el fin de obtener el resultado electoral que les conceda la verdad final. Es llamativo también que, al conocer el veredicto del resultado y después de la variedad de emociones inmediatas que surgen en ese instante, poco a poco emerja en toda la población votante una sensación colectiva de alivio. Ello sucede en parte porque ya se sabe el desenlace de la contienda que generó tantas expectativas y, en parte, porque ha terminado un episodio tenso que consumió buena parte de nuestro tiempo, de nuestra atención y de nuestras emociones.
En particular, las campañas políticas se han convertido en competencias multimillonarias por atraer la atención de la ciudadanía a través de herramientas digitales. Hoy la política en una industria multimillonaria donde un número importante de consumidores en esa economía de la atención pagamos con nuestro tiempo y con nuestras impresiones, reacciones, comentarios y divulgación de los mensajes producidos para ensalzar a unos como si fueran pulcritud hegemónica, y degradar a otros como si fueran infrahumanos pertenecientes al inframundo.
Esta fue muy probablemente la última elección presidencial previa a la gran disrupción que se prevé traerá en nuestras sociedades, economías locales y globales y sistemas de gobernanza, la creciente ola de transformación impulsada por la inteligencia artificial. Es imposible pronosticar a dónde estaremos dentro de 4 años. Sí es cierto que mucho de nuestro entorno con el que interactuamos de forma directa e indirecta, de manera analógica y digital, habrá cambiado, mucho o poco, como resultado de adaptaciones de esta potentísima tecnología.
En Costa Rica debemos aceptar la realidad de que los próximos 4 años veremos cambiarse, promulgarse y derogarse muchísimas leyes. Eso podría darle un nuevo maquillaje al rostro del país que conocemos, incluidas reformas del estado, incentivos económicos, obligaciones fiscales, presupuestos institucionales y objetivos generales de diversas instituciones públicas.
Albergamos la expectativa de que esto logre satisfacer con efectividad las necesidades de grandes grupos de la población, sobre todo aquellos que viven en condición de mayor vulnerabilidad socioeconómica, ambiental y de seguridad, entre otras. También anhelamos llegar al fin de la era política en la que gobernar se convirtió en acusación constante de gobiernos que pasaron hace 10 y 15 años. O sea, anhelamos una gobernanza donde las responsabilidad sea el primer valor cívico de quienes gobiernan.
Escuche el episodio 304 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Alivio y realidad”.
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