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Ahora más que nunca necesitamos una unión progresista

Sobre el triunfo reciente de Laura Fernández, las razones detrás de él y las connotaciones históricas y políticas del fenómeno tras ella y tras el chavismo en general estoy seguro se escribirán artículos raudos. No es de eso de lo que quiero hablarles en este momento.

Mi interés va por otro lado. En convencerlos de por qué una unión de fuerzas progresistas multi-ideológica es justa y necesaria.

Pero empecemos por los grandes perdedores de esta elección que, sin duda alguna, han sido los partidos liberales y evangélicos. Por primera vez desde 1998 en que Renovación Costarricense obtuvo su primer diputado no habrá un partido evangélico en la Asamblea Legislativa, similarmente y aunque ya había pasado antes en el período 2014-2018, vuelven a quedarse sin representación los liberales que habían tenido partidos en el Parlamento desde 1994 y hasta 2014.

Lo cual no es de extrañar. Nueva República, Liberal Progresista y el Partido Unidad Social Cristiana fungieron sin empacho como alfombras del chavismo en la Asamblea, y protegieron con ahínco un día sí y otro también los intereses de Rodrigo Chaves y su inmunidad. Si bien esta protección y apoyo no se tradujo de ninguna manera en lealtad hacia ellos y la propia Laura les dio duro durante los debates, especialmente a Fabricio, e intentaron por todos los medios quitarles votos.

Quien al diablo sirve con llevárselo le paga. Este resultado es lógico. Si alguien es opositor del gobierno ¿por qué votaría por partidos que le son sumisos? Y si alguien es afín ¿por qué votaría por ellos y no por el partido de gobierno? Al PUSC lo salvó del mismo exilio la candidatura de Juan Carlos Hidalgo cuyo carisma y preparación lograron salvarle algunos votos, aun cuando fuera para preservar un único escaño.

Y me alegra mucho de este escaño, en la persona de Abril Gordienko, con quien aunque tengo diferencias ideológicas, reconozco como una persona proba y capacitada, que estoy seguro hará una buena labor legislativa. Como sospecho la hará también Claudia Dobles y José María Villalta, y que creo podrán ayudar a mejorar las condiciones de sus partidos en las próximas elecciones si juegan bien sus cartas. También debe reconocerse la candidatura de Álvaro Ramos que, aunque perdió, logró consolidarse como el candidato más votado del PLN en doce años.

Lo que es innegable es que esta Asamblea parece estar muy bien definida en dos bloques. No hay partidos a la derecha del PPSO, y aunque temo que en algunos temas el PLN o parte de sus diputados, puedan juntarse, sospecho que en aspectos fundamentales de orden constitucional el PPSO no obtendrá los votos suficientes. O eso espero.

El caso es que estos dos bloques nos van mostrando la necesidad de una opción unificada y estructurada de la oposición. Algo que quizás inició con el encuentro cívico multipartidista en la Fuente de la Hispanidad, tan inspirador como espontáneo, y primero en la historia patria. Considero que conformar un contrapeso partidario al PPSO es esencial y es la principal tarea que debería preocuparnos para quienes deseamos un país más justo y solidario. Me gustaría pensar que el germen de esto ya inició en esa fuente.

A pesar de sus diferencias ideológicas claras, y de que esta idea será anatema para los elementos más ortodoxos dentro de todos estos partidos, considero que ir hilvanando una coalición donde estén presentes el PLN, PAC, FA y PUSC así como fuerzas extraparlamentarias debería considerarse como una genuina prioridad e irse gestando de cara a las elecciones presidenciales próximas, aunque pueda parecer muy temprano para eso. Incluso las venideras justas municipales pueden servir como un inicio para programar alianzas que permitan impedir un triunfo del chavismo en los gobiernos locales.

Para mí una coalición progresista de oposición donde cada partido mantenga su identidad e individualidad, pero se realicen unas primarias y se elija un candidato unido que, no tengo dudas, tendrá muchas posibilidades de ganar, es una necesidad.

Se que quizás es muy idealista, y de hacerse será toda una odisea con muchos obstáculos, pero no dudo que una unión es un requisito sine qua non para vencer al oficialismo en 2030, recuperar la democracia y ser un gobierno para todos los costarricenses.