A pocos días de unas nuevas elecciones presidenciales, resulta inevitable preguntarse qué está ocurriendo en el panorama político costarricense. Cada proceso electoral trae consigo una creciente cantidad de aspirantes, muchos de ellos sin trayectoria, sin estructura y sin una propuesta país clara. Surge entonces una pregunta legítima: ¿cuántos de estos candidatos tienen realmente posibilidades reales de gobernar, o siquiera de llegar a una segunda ronda?
Más allá de la curiosidad, lo preocupante es el trasfondo: una fragmentación política que debilita la gobernabilidad y diluye la responsabilidad. No escribo estas líneas para decirle al lector por quién votar ni por quién no hacerlo. Mi único objetivo es invitar a una reflexión profunda: recordar de dónde venimos para entender mejor hacia dónde vamos.
La Costa Rica que se construyó
Durante más de seis décadas, Costa Rica fue gobernada mayoritariamente por dos grandes fuerzas políticas: el Partido Liberación Nacional y el Partido Unidad Social Cristiana. Este periodo, comúnmente llamado bipartidismo, no fue perfecto, ningún proceso humano lo es, pero fue extraordinariamente fecundo en términos de construcción institucional, desarrollo social y estabilidad democrática.
Muchos critican hoy a estos partidos por los errores cometidos por algunos de sus dirigentes. Y sí, hubo hechos lamentables, denuncias, investigaciones y procesos judiciales. Pero también hubo algo fundamental que no podemos ignorar: la institucionalidad funcionó. Se investigó, se juzgó y, cuando correspondió, se sancionó. Incluso cuando los involucrados eran figuras de poder. Las leyes se aplicaron, muchas veces leyes creadas por esos mismos gobiernos. Eso, en sí mismo, es una victoria del Estado de derecho.
Un país construido con instituciones, no con improvisaciones
A veces pareciera que olvidamos que Costa Rica no surgió por generación espontánea. No fue magia. Fue visión, planificación y decisiones políticas sostenidas en el tiempo.
Gracias a esos gobiernos se construyó el Estado social de derecho que hoy damos por sentado. Algunas de las instituciones y políticas que nacieron o se consolidaron en ese periodo son:
Democracia e institucionalidad
- Procuraduría General de la República (2 de junio de 1948)
- Tribunal Supremo de Elecciones (14 de setiembre de 1948)
- Estatuto del Servicio Civil (2 de noviembre de 1949)
- Banco Central de Costa Rica (28 de enero de 1950)
- Sala Constitucional (11 de octubre de 1989)
Salud y bienestar social
- Caja Costarricense de Seguro Social (1941, fortalecida y ampliada tras 1948)
- Instituto Mixto de Ayuda Social – IMAS (8 de mayo de 1971)
- Banco Hipotecario de la Vivienda – BANHVI (11 de octubre de 1989)
- Equipos Básicos de Atención Integral de Salud – EBAIS (1994)
Educación, ciencia y cultura
- Universidad de Costa Rica (1940, consolidada como eje del desarrollo nacional)
- Instituto Nacional de Aprendizaje – INA (21 de mayo de 1965)
- Instituto Tecnológico de Costa Rica – TEC (10 de junio de 1971)
- Universidad Nacional – UNA (15 de febrero de 1973)
- Universidad Estatal a Distancia – UNED (22 de febrero de 1977)
- Consejo Nacional de Rectores – CONARE (4 de diciembre de 1974)
- Universidad Técnica Nacional – UTN (2009)
- Sistema Nacional de Educación Musical – SINEM (2010)
Desarrollo económico, productivo y social
- Banca Nacionalizada (19 de junio de 1948)
- Instituto Costarricense de Electricidad – ICE (8 de abril de 1949)
- Consejo Nacional de la Producción – CNP (10 de setiembre de 1948)
- Instituto Costarricense de Turismo – ICT (30 de julio de 1955)
- Instituto de Fomento Cooperativo – INFOCOOP (22 de marzo de 1973)
- Instituto de Fomento y Asesoría Municipal – IFAM (9 de febrero de 1971)
- Tratados de Libre Comercio (desde la década de 1990)
- Programas de vivienda social y bono de vivienda (décadas de 1980 y 1990)
Todo esto no es pasado muerto: es el andamiaje sobre el cual seguimos viviendo hoy.
¿En qué momento olvidamos todo esto?
Se nos ha olvidado de dónde venimos. Peor aún, hemos dejado de contárselo a nuestros hijos. La historia reciente ha sido convenientemente omitida, y en ese vacío han florecido narrativas simplistas que reducen décadas de construcción nacional a una sola palabra: corrupción.
Costa Rica no es lo que es a pesar de esos gobiernos; es lo que es gracias a ellos. Llamar ladrones, sin matices ni contexto, a quienes construyeron las bases de la nación más estable y próspera de Centroamérica no solo es injusto: es irresponsable.
Los últimos doce años: un punto de quiebre
En los últimos años, Costa Rica ha experimentado un deterioro progresivo en áreas fundamentales. La inseguridad ciudadana ha alcanzado niveles sin precedentes, el narcotráfico se ha infiltrado en comunidades, puertos y rutas comerciales, y el Estado ha mostrado una preocupante debilidad para anticipar y contener esta amenaza.
Este cambio no ocurrió de la noche a la mañana. Fue lento, casi imperceptible. Como el agua que se calienta gradualmente hasta hervir. Mientras tanto, se nos vendió la idea de que la experiencia era un problema, que el pasado debía descartarse por completo y que cualquier cosa nueva, aunque no estuviera probada, era automáticamente mejor.
Hoy pagamos el precio de esa ingenuidad.
Un pueblo que olvida es un pueblo vulnerable
Hemos perdido identidad. Hemos creído en discursos fáciles y en liderazgos improvisados. Muchos de los políticos que hoy atacan al bipartidismo fueron parte de él. No se marcharon por principios, sino porque sus intereses no encajaban. Y cuando tuvieron la oportunidad, no dudaron en atacar aquello que los formó.
Es como el hijo que, al independizarse, olvida que todo lo que es se lo debe a su hogar.
Un mensaje a los jóvenes
A ustedes, que no vivieron muchas de estas etapas, les digo con respeto: no crean todo lo que les cuentan. No me crean a mí tampoco. Investiguen. Lean. Comparen. Pregunten. Hoy la información está al alcance de todos.
Conozcan quiénes construyeron las universidades donde estudian, los hospitales que los atienden, las becas que los apoyan, la democracia que les permite expresarse libremente. La memoria no es nostalgia: es una herramienta para no repetir errores.
Volver a creer
Nunca está más oscuro que cuando va a amanecer. Costa Rica merece una nueva oportunidad, y esa oportunidad no nace de la improvisación ni del olvido, sino de la experiencia, la institucionalidad y la madurez democrática.
Volvamos a creer en quienes demostraron que gobernar es construir, no destruir. Volvamos a creer en un país seguro, justo y solidario. Volvamos a creer en Costa Rica.
Porque lo demás, como siempre, viene por añadidura.
