¿Estaremos pasando de una economía dual a una economía triple? ¿Además de los regímenes de comercio definitivo y especial, existe también un régimen de comercio criminal?
Los principales resultados de la evolución de nuestra economía en el año que recién termina dan muchas razones para sentirnos satisfechos.
El crecimiento del PIB se estima en 4,2%, en línea con el de los últimos tres años. El crecimiento de las exportaciones es de dos dígitos. El desempleo es el más bajo desde que en 2010 se inició la Encuesta Continua de Empleo. Los resultados fiscales son mejores que los que se preveían a mediados de año. La inflación negativa y la revaluación del colón son favorables en el corto plazo para los consumidores, aunque tienen efectos negativos para la inversión y también para la producción y el empleo de sectores muy importantes como la agricultura, el turismo y la industria del régimen definitivo. La pobreza experimentó una reducción significativa y se situó en 15,2%.
La economía mundial resultó en 2025 más resiliente de lo que se preveía al inicio del año.
El presidente Trump aceleró desde el inicio de su mandato medidas disruptivas al comercio internacional reglado, mediante una política arancelaria agresiva, con tarifas unilaterales muy elevadas al margen de la OMC, y con variaciones, anuncios y rectificaciones en torno a esas tarifas a lo largo del año.
Además, el gobierno de Estados Unidos que inició el año pasado redujo las corrientes migratorias y expulsó a miles de inmigrantes, y algo similar ocurrió en Europa.
Todo ello introdujo una elevada dosis de incertidumbre en el comercio internacional, la inversión y los flujos financieros, lo que hacía previsible un crecimiento mucho menor de la producción, mayor inflación y una disrupción más severa de las cadenas internacionales de valor de la que finalmente ocurrió.
El resultado final fue claro: las economías resultaron mucho más resilientes de lo esperado, y el crecimiento global terminó siendo superior a las proyecciones más pesimistas que se manejaban a inicios de 2025. La capacidad de adaptación de empresas, mercados y políticas públicas fue mayor de lo anticipado.
Pero los buenos resultados de la economía costarricense no son solo reflejo de ese mejor comportamiento de la economía mundial.
En comparación con lo esperado, tuvimos un mejor desempeño que la mayoría de las naciones de nuestra región SICA (Centroamérica, República Dominicana y Panamá) y que la mayoría de los países con niveles similares de ingreso.
Pero ¿es todo miel sobre hojuelas? Desdichadamente, no.
El crecimiento del PIB y de las exportaciones se genera fundamentalmente gracias al régimen de comercio especial. El régimen definitivo, que engloba aproximadamente el 85% de la producción, crece cuatro veces menos que el especial.
Las exportaciones del régimen preferente crecieron 20% en 2025, impulsadas sobre todo por los instrumentos médicos y los servicios empresariales, mientras que las del régimen definitivo apenas crecieron 2%.
La caída en el desempleo no se explica por la creación de nuevas fuentes de trabajo, sino por la enorme disminución de personas que buscan empleo.
El nivel de ocupación de febrero de 2020 —último mes antes de la pandemia— se redujo en 30.290 personas para noviembre de 2025, último mes con datos de la Encuesta Continua de Empleo. Mientras tanto, la población de 15 años y más, sobre la cual se calculan los porcentajes de ocupación y desempleo, aumentó en 298.816 personas. Es decir, hay más población en edad de trabajar, pero menos personas con empleo.
En cuanto a las finanzas públicas, los buenos resultados provienen principalmente de la disminución del gasto por intereses, mientras que los ingresos crecen menos que en 2024.
Respecto a la reducción de la pobreza, es importante notar que el ingreso que más crece en los hogares es el ingreso autónomo. Como hemos visto, la proporción de personas empleadas ha disminuido significativamente en los años posteriores a la pandemia. En febrero de 2020, la tasa de ocupación era de 56,1%, mientras que en noviembre de 2025 fue de apenas 51,4%. También crece el ingreso salarial, aunque difícil que ello compense la pérdida de puestos de trabajo.
El aumento de los ingresos de divisas no tiene una explicación clara cuando se observa el escaso crecimiento de las exportaciones del régimen definitivo de bienes y del turismo, así como la disminución de colocación de deuda externa del gobierno en relación a los años anteriores.
Paralelamente, contamos con otro indicador de naturaleza distinta: el fuerte incremento de la criminalidad registrado en los últimos años, que revela que una mayor cantidad de personas está involucrada en actividades delictivas.
Esto obliga a plantear preguntas que no pueden seguir evitándose:
- ¿Cómo explicar la reducción de la pobreza sin un aumento del volumen de empleo ni de los ingresos salariales de los sectores más pobres?
- ¿Cómo entender un crecimiento económico significativo sin creación de empleo, acompañado de un exceso de divisas, inflación negativa y una revaluación persistente del colón?
Frente a estas aparentes contradicciones surge una hipótesis inquietante:
- ¿Podrían los ingresos no explicados estar originándose en el narcotráfico, el narcomenudeo, el contrabando y otras formas de crimen organizado?
¿Estamos, entonces, ante la conformación de una tercera economía, paralela a los regímenes de comercio definitivo y especial, que estaría incidiendo de manera significativa en nuestras cifras macroeconómicas?
Y, de ser así, la pregunta más grave: ¿Estaremos desarrollando una enfermedad holandesa de origen criminal, con consecuencias profundas y duraderas no solo para nuestra economía, sino también para nuestras instituciones y nuestra democracia?
Estos son temas que requieren estudio serio y riguroso por parte del BCCR, MIDEPLAN, las universidades, el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la UCR, la Academia de Centroamérica y otros centros de investigación públicos y privados. Son temas que refuerzan la urgencia de políticas más efectivas para enfrentar el crimen organizado y sus consecuencias económicas y financieras.
