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Servicios de alto valor, el nuevo motor económico basado en talento calificado

La economía costarricense se encuentra en plena transformación. Mientras algunos sectores tradicionales muestran señales de desaceleración, otros avanzan con fuerza y consolidan un cambio estructural en la matriz productiva del país. Entre ellos destacan los servicios de alto valor y la manufactura avanzada, actividades que demandan mano de obra altamente calificada, conocimiento especializado y una fuerte integración con tecnología e innovación. Este giro no solo redefine la competitividad nacional, sino que también plantea nuevos retos en educación, empleo y política pública.

Costa Rica ya no compite únicamente por costos; hoy compite por talento, estabilidad institucional y capacidad para ofrecer soluciones sofisticadas a mercados globales. En ese contexto, los servicios intensivos en conocimiento emergen como uno de los pilares más sólidos del crecimiento económico.

¿Qué se entiende por servicios de alto valor?

Los servicios de alto valor agregado incluyen actividades como servicios empresariales avanzados, tecnologías de la información, análisis de datos, ciberseguridad, ingeniería, diseño industrial, investigación y desarrollo, servicios financieros especializados, logística avanzada y soporte técnico de alta complejidad. A esto se suma la manufactura avanzada, caracterizada por procesos productivos intensivos en tecnología, automatización, control de calidad y personal técnico especializado.

A diferencia de actividades tradicionales, estos sectores no dependen principalmente de volumen, sino de conocimiento, precisión y diferenciación. Cada empleo generado suele tener mayor productividad, mejores salarios y mayor encadenamiento con otros sectores.

Costa Rica y su posicionamiento estratégico

El país ha logrado posicionarse como un Hub regional para servicios especializados, particularmente a través del régimen de zonas francas. Empresas multinacionales han encontrado en Costa Rica un entorno atractivo gracias a su capital humano, estabilidad política, apertura comercial y experiencia en operación de servicios globales.

Según datos del sector exportador, los servicios intensivos en conocimiento ya representan una porción significativa de las exportaciones totales y generan miles de empleos calificados. Centros de servicios compartidos, laboratorios de investigación, plantas de dispositivos médicos y operaciones de manufactura avanzada son ejemplos claros de esta evolución.

El factor crítico: mano de obra calificada

El crecimiento de estos sectores tiene un denominador común; la demanda de talento especializado. Ingenieros, técnicos, programadores, analistas, científicos de datos y profesionales bilingües son perfiles cada vez más solicitados. Esto plantea una oportunidad, pero también un desafío estructural.

Por un lado, se generan empleos de mayor calidad y mejores ingresos, lo que impacta positivamente el consumo, la recaudación fiscal y la movilidad social. Por otro, se evidencia una brecha entre la oferta educativa y las necesidades reales del mercado laboral. La escasez de talento calificado se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para la expansión de estos sectores.

Manufactura avanzada, más allá de la maquila

La manufactura avanzada marca una ruptura con la lógica tradicional de producción. No se trata de ensamblaje simple, sino de procesos complejos que integran ingeniería, automatización, control estadístico, cumplimiento regulatorio y mejora continua. Sectores como dispositivos médicos, electrónica especializada y componentes de alta precisión han encontrado en Costa Rica un entorno propicio para operar.

Este tipo de manufactura eleva el estándar del empleo industrial, pero también exige inversión constante en capacitación, certificaciones y actualización tecnológica. Las empresas que participan en este segmento requieren ecosistemas robustos de proveedores, centros de formación técnica y articulación con universidades.

Impacto en la economía y el tejido social

El avance de los servicios de alto valor tiene efectos multiplicadores. Genera demanda de servicios complementarios, impulsa el desarrollo urbano, fortalece la clase media y posiciona al país en cadenas globales de valor más sofisticadas. Sin embargo, también plantea el riesgo de segmentación económica, donde solo una parte de la población accede a estos beneficios.

De ahí la importancia de políticas públicas orientadas a la inclusión: educación técnica, reconversión laboral, bilingüismo y formación continua. Sin estos elementos, el crecimiento de sectores avanzados puede enfrentar grandes rezagos lo que genera un alto riesgo en otros segmentos de la economía.

Los servicios de alto valor y la manufactura avanzada representan una de las apuestas más estratégicas para el desarrollo económico de Costa Rica. Son sectores que generan empleo de calidad, fortalecen la competitividad internacional y permiten al país diferenciarse en un entorno global cada vez más exigente.

No obstante, su consolidación no es automática. Requiere una visión de largo plazo que articule educación, política industrial, atracción de inversión y desarrollo de talento. El verdadero desafío no es atraer más empresas, sino formar y retener el capital humano que estas demandan.

Costa Rica tiene una oportunidad clara: convertir el conocimiento en su principal recurso productivo. Si logra alinear su sistema educativo, su sector empresarial y su política pública, los servicios de alto valor no solo serán un motor económico, sino una vía sostenible para el desarrollo inclusivo del país.