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Reconstruir la casa común tras el incendio

Cuando tenía 4 o 5 años, no preciso con exactitud, mi casa se quemó. La quemó una vela que quedó prendida tras un juego inocente de adolescentes. La vela debía apagarse sola, una vez se quemara lo suficiente. Eso nunca llegó, la vela se dobló y cayó contra un colchón, después una almohada y, por último, una cortina que llevó el fuego hasta el techo.

Mientras comenzaba este incendio, yo estaba muy tranquilo jugando con mis legos. Mi hermano fue el primero en darse cuenta y él lo intentó apagar antes de que se expandiera. Yo, por mi parte, dejé mis legos tirados y salí corriendo a avisar a mi papá.

Después de eso, no tengo mucha claridad de la cronología. Solo sé que como muchas casas viejas, las cerchas eran de madera. El fuego se expandió, primero un cuarto, después otro, después uno más y así fue. Al haber sido consumidos tres cuartos y dos baños, los bomberos llegaron y apagaron el incendio.

Con todo hecho cenizas, entre eso muchas de mis fotos y mis videos de mis primeros años de vida, así como mucho de mis juguetes, muchos peluches de mis hermanos que mis papás guardaban en bolsas para ir regalándome conforme creciera y, ante todo, mis legos, mis benditos y apreciados legos, quedaron todos derretidos. Por dicha, las pérdidas solo fueron materiales y de recuerdos, y no humanas.

Después de esto, tengo que decir que vi magia.

Inmediatamente, las y los vecinos se pusieron a colaborar, recuerdo a toda mi familia llegar a ayudar a quitar ceniza de las cosas y recuperar todo lo que se pudiera, una ferretería local de Santa Ana - que estaba cerrada ese día - abrió solamente para vendernos materiales para comenzar a reconstruir el techo, la vecina de enfrente nos recibió y nos dio donde quedarnos un rato, mis compañeras y compañeros de preescolar recuerdo que me hicieron una carta o algo.

Pasamos unos días o semanas, no preciso, durmiendo en colchones en la sala, con personas diversas colaborándonos —yo recuerdo principalmente a mis tíos pero estoy seguro que vecinos y otros familiares estuvieron ahí— sin ninguna intención más que interés genuino por ayudarnos.

Al cabo de ese tiempo, volvimos a vivir tranquilos en nuestra casa. Todo era igual, pero diferente. De alguna manera, volvimos a tener nuestra casa. Ahora con cerchas metálicas, dicho sea de paso, esa, que fue la casa de mi infancia y mi adolescencia, se convirtió en mi lugar seguro.

Han pasado ya unos 25 o 26 años desde ese momento, y todavía es un tema que me gusta explorar en terapia porque me enseñó lo fugaz de las cosas y lo importante de disfrutar el momento, y de aprender a dejar ir, eso último me cuesta, pero sobre todo creo que la principal lección es que la colectividad todo lo puede, cuando la gente actúa desde su metro cuadrado y se involucra por el bienestar de alguien más, los dolores suelen ser más pasajeros.

Todo esto para decir que todas las casas se pueden reconstruir, y, aún de las cenizas, todas las casas se pueden mejorar. Hoy todavía me siento agradecido por quienes nos devolvieron el techo bajo el cual fuimos muy felices.

Cuidemos la casa común

Así como con mi casa, también funciona el voto. Sea por la alternativa que sea, el involucramiento hace que la carga individual sea más ligera y permite realizar los arreglos más rápido.

Votar permite tomar decisiones sobre cómo queremos reconstruir esa casa común, cómo atendemos más rápido posibles incendios para evitar tragedias y también como prevemos riesgos para seguir viviendo con dignidad, alegría y paz.

Para lograr esto, es fundamental tomar en cuenta:

  • Verificá el estado de tu cédula. Si tu cédula está en mal estado o vencida, te podrían negar el derecho a votar. Acudí al Tribunal Supremo de Elecciones en estos días o el propio día de las elecciones para renovarla.
  • Llegá temprano al centro de votación. El voto temprano incentiva otros votos, además incentiva que los distintos partidos políticos refuercen la logística para convocar al voto.
  • Revisá las papeletas antes de ir a la urna. Pedí que te enseñen las papeletas antes de irte a la urna a marcar tu voto, para garantizar que tengan la firma de los miembros de mesa y que no estén marcadas de previo.

Difícilmente encontraremos una casa perfecta, pero lo importante es que participemos en definir una con un techo lo suficientemente grande para acogernos a todas y todos.