No es por temas políticos.
No es por índices macroeconómicos, aparentemente buenos.
No es porque su trabajo ha sido malo, regular o bueno.
No es porque sea menos o más corrupto que los que lo antecedieron.
No es porque viva en donde vive y tenga la plata que tiene.
No, no es nada de eso.
A través de los años, he aprendido a admirar a las personas por sus conocimientos y experiencia, pero sobre todo por sus calidades esenciales.
Admiro las personas que no obstante, lo que tengan o hayan logrado, mantienen su humildad, dejan de lado los insultos, las comparaciones; dejan de lado el buscar culpables; dejan de lado su ego, son abiertos a escuchar, empatizan, o sea, sirven a los demás.
Admiro a los emocional y espiritualmente inteligentes, al que no necesita gritar, al que entiende que el sarcasmo es un insulto solapado; al que escoge la paz en vez de la violencia en cualquiera de sus formas.
Y si hay alguien que ocupa una posición donde el liderazgo es la principal responsabilidad, debe cumplir con este perfil o por lo menos con un porcentaje altísimo de él.
Por la carencia, casi total, de esas características en “chaves” y sus representantes, es que, jamás tendrán mí apoyo, mi admiración, y por ende, mi voto.
Para mí, lo triste de esto, es que, parece que la mayoría de los costarricenses tiene un “chaves” por dentro, no obstante que Dios siempre está presente en sus bocas (no sé si en su interno estará, yo ya no soy apto para cuestionar que tanto está Dios presente en cada persona) admiran la violencia, la malacrianza, la soberbia y así lo dicen los números, y no hablo de las encuestas solamente; hablo de asesinatos, pleitos en las calles, la forma en que conducimos, chorizos (esto es viejo y nace en los políticos de siempre aunque lamentablemente no es exclusivo de éstos), gritos, insultos, menosprecio, egoísmo, desagradecimiento y mil antivalores más.
Lo otro, aún más triste, es que, la mayoría de los ticos llevan un “chaves” por dentro porque mi generación vivió y por ende, inculcó en los jóvenes que lo importante es tener y no ser. Formamos a nuestros hijos en las mejores escuelas, a muchos se les procuró otro u otros idiomas, dimos estudios universitarios en las mejores universidades, admiramos cuando tienen un trabajo donde ganen mucha plata, para que compren una “casota” y un “carrote”, pero olvidamos la formación del espíritu (y no hablo de religión), de lo esencial, de lo que el dinero no compra y por eso hoy costa rica tiene 4 años de ser “guiada” por un hombre acosador, rencoroso, violento y soberbio y muchos quieren continuidad.
Salgamos a votar y demostremos que somos más los ticos que no llevamos un “chaves” por dentro, que queremos que nuestro país siga siendo ejemplo de democracia, que podemos volver a llevarnos bien, a respetarnos, a ayudarnos, a cuidarnos, a dialogar y llegar a acuerdos donde el bien de la mayoría sea el objetivo más importante.
Ya lo dijo André Malraux (1901 – 1976):
No es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”.
