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Parques Nacionales: mas allá del desarrollo sostenible

Los parques nacionales tienen un objetivo fundamental de conservación y protección de la biodiversidad, así lo decidió nuestra sociedad y fue plasmado ampliamente en nuestro ordenamiento jurídico. Son zonas de nuestro país que poseen una enorme riqueza biológica, ecológica y paisajística y por ello son sabiamente protegidas y dedicadas a la conservación. De ese modo, las actividades humanas en estas áreas se limitan a ecoturismo, educación ambiental, investigación y recientemente, agua potable para comunidades.

Por otra parte, el desarrollo sostenible, o la sostenibilidad, como bien se sabe, procura un balance entre aspectos económicos, sociales y ambientales, el cual resulta por lo general, bastante difuso e indefinido. En ese balance, usualmente los aspectos ambientales se comprometen en aras de lograr objetivos o beneficios de tipo económico o social. Es así que, según este concepto, sería válido someter a los ecosistemas de un parque nacional a un impacto ambiental o ecológico significativo, a fin de lograr ese balance antes citado.

Con este enfoque, bajo la filosofía del desarrollo sostenible, proyectos de infraestructura de gran escala podrían ser construidos dentro de un parque nacional, lo que traería consecuencias muy negativas para estas áreas. Proyectos hidroeléctricos o geotérmicos, carreteras, hoteles de montaña para turismo masivo o proyectos mineros o petroleros, podrían, según el desarrollo sostenible, tener cabida dentro de los parques nacionales, en aras de ese difuso balance entre lo económico, lo social y lo ambiental.

Además, hay que tener claro que el concepto de sostenibilidad puede ser bastante manipulado, por ejemplo, a través de estudios de impacto o de gestión ambiental, o por medio de sellos verdes o certificados de cumplimiento ambiental. Con ellos, la actividad se considera como sostenible, ocultando en muchas ocasiones enfoques ambientales perniciosos. Es indudable también el interés económico que muchos estudios de impacto ambiental esconden, dejando usualmente en segundo plano los aspectos ambientales. La sostenibilidad ya no es necesariamente sinónimo de buen manejo ambiental y en ocasiones puede ser vista solo como un requisito para validar ambientalmente muchos proyectos.

Por ello es tan complicado y peligroso afirmar que sitios como los parques nacionales, las reservas biológicas e incluso los refugios de vida silvestre, se deben regir bajo un concepto tan difuso, manipulado y permisivo como el desarrollo sostenible. Eso sería permitir que cualquier proyecto o megaproyecto se pueda desarrollar en un parque nacional, lo que representaría un cambio de visión y de paradigma en la gestión de nuestras áreas silvestres protegidas, hoy orgullo nacional y objeto de reconocimiento y admiración internacional.

Por esas razones, parques nacionales y desarrollo sostenible no son conceptos compatibles. La conservación es y debe seguir siendo la razón de ser y la prioridad en estas áreas protegidas.   Toda actividad humana que se realice en un parque nacional, debe estar supeditada a esta prioridad, a la conservación de la biodiversidad.  Permitir desarrollo sostenible en los parques nacionales representaría el fin de estas áreas, como las hemos conocido hasta ahora. La conservación debe ser primero, por encima del turismo o de cualquier otra actividad humana, por encima de cualquier interés económico o social.

El desarrollo sostenible es necesario e importante y ha permitido frenar el impacto y el daño ambiental de tantas actividades nocivas en el planeta. Pero dentro de un parque nacional, la visión no puede ser la de desarrollo sostenible, esta tiene que ser mucho más sensible, eco-sistémica y restrictiva, un enfoque profundamente conservacionista. Esa es la visión que pioneros de los parques nacionales como Mario Boza, Alvaro Ugalde, Nicolás Wessberg, Christopher Vaughan y otros fijaron hace décadas, y que debe mantenerse a futuro en nuestro país.

Aparte de la conservación de la biodiversidad, debemos también conservar el silencio, la paz, el misterio y el misticismo, presentes en todos esos sitios, elementos que pueden coadyuvar en el crecimiento mental y espiritual de nuestra sociedad. Esto sin duda representa un valor adicional de nuestros parques nacionales, que no debe cambiar ante ideas y propuestas desarrollistas ligadas a la sostenibilidad.

Defendamos los parques nacionales como sitios para la conservación, prístinos, naturales y tranquilos, como ese gran tesoro natural que administramos temporalmente y que debemos heredar a las futuras generaciones. Es nuestra gran responsabilidad y obligación ambiental histórica.