Imagen principal del artículo: No somos antichavistas: somos pro-soluciones

No somos antichavistas: somos pro-soluciones

En Alajuela, como en todo el país, la política se siente cuando no funciona. Se siente en la presa que no se mueve, en la cita médica agendada para dentro de muchos años, en la escuela que sigue esperando arreglos y en la sensación de que muchas decisiones se quedan a medio camino. Esa es la experiencia cotidiana de miles de personas. No es ideológica, es práctica.

Por eso me choca cuando a quienes pensamos que la cosa no está bien se nos define como antichavistas. No. Me rehúso a que nos etiqueten poniendo otra vez a la continuidad en el centro de la conversación. Costa Rica no necesita más protagonismos inútiles; necesita resultados.

Nada se resuelve con discursos encendidos desde el Ejecutivo, ni con una Asamblea convertida en una suma de trincheras estériles. Las cosas se resuelven con trabajo político serio, con sentarse a construir cuando hay soluciones posibles, exigir cuando algo no camina y asumir responsabilidades compartidas. Sin espectáculo. Sin excusas.

Estoy convencido de que, conforme se acerquen las elecciones, irá disminuyendo la cantidad de personas que definen su voto en función de un enemigo construido, y aumentando quienes buscan algo mucho más simple y escaso: que las cosas pasen, que lleguen personas decentes dispuestas a trabajar y a rendir cuentas.

No se trata de votar contra algo. Se trata de exigir soluciones.

De exigir que no pasen cuatro años más sin avanzar en atender la situación crítica de la educación. De exigir que la construcción de hospitales y EBAIS no vuelva a quedar atrapada entre bloqueos y postergaciones que nadie termina de asumir.

No se trata de estar contra un gobierno o a favor de otro.

Se trata de poner el foco donde debe estar, en resolver problemas concretos y en recuperar la capacidad del Estado de cumplir.

La política funciona cuando la presa avanza, cuando la cita médica llega, cuando la escuela se arregla y cuando los problemas se resuelven sin gritos ni alboroto. Cuando la vida cotidiana deja de estar condicionada por el conflicto político permanente.

Porque cuando la política funciona, se vive en sus resultados, no en el ruido.

Eso es lo que hace falta. Eso es lo que vale exigir.

No somos antichavistas. Somos pro-soluciones.