Tiempos de elecciones. Nos encontramos en un momento histórico, un escenario político producto de transformaciones de la gobernanza a través de los últimos 40 años, que se caracterizó por un bipartidismo clientelista y que, aunque heredó una estructura institucional consolidada (2° República) y que, aunque imperfecta - como todo – cubría de manera eficiente las diferentes tareas de la institucionalidad.
Eventualmente, a partir del inicio del siglo XXI, se evidencia un desgaste de la credibilidad del sector político costarricense y una creciente corrupción generalizada – en contubernio con algunos actores del sector privado -. Desde estos antecedentes muy generales y también considerando los cambios de la geopolítica global, se va dando un marco económico, social y ambiental conflictivo, que impacta en la calidad de vida y bienestar de la población, así como, un vacío en la toma de decisiones.
La falta de participación ciudadana (ausencia), formada y consciente de sus deberes ciudadanos y su papel en la gobernabilidad del país y sus instituciones, creo las condiciones para que tuvieran vía libre muchos oportunistas políticos y sectores económicos fuertes, así como, un gremio burocrático excesivo y creciente, en la promulgación de leyes (nuevas y modificadas), que fueron debilitando el sistema democrático y sus capacidades para cubrir apropiadamente las necesidades del momento y a futuro, de acuerdo a el crecimiento de la población y los nuevos escenarios, sociales, económicos y ambientales.
Ante esta abulia y desdén, falta de previsión y formación sobre la cosa pública que incidiría en el futuro inmediato y de largo plazo, llegamos a este delicado momento de nuestra vida republicana y nuestro sistema democrático. Somos producto de actos irresponsables y calculadores que, por egoísmo y ambición, junto con manipulación e ignorancia, han desdibujado un proceso visionario de grandes pensadores y de un pueblo noble, con Valores y Principios construidos en el pasado. Dejamos de recordar nuestra historia y no sopesamos las bondades y oportunidades propias de nuestra tierra, nuestra gente y su potencial. Asumimos poses y valores exógenos (foráneos) desvirtuando nuestras raíces. Hemos errado el camino.
Por ello, no vasta con rasgarse vestiduras y lamentarse. Y no solo cumplimos con ir a votar, debemos reflexionar y asumir cuál a sido nuestro papel en este tiempo perdido.
Que modificaciones debemos hacer a nuestras instituciones, las cuales no son perfectas, pero sujetas a mejora, así como, en lo personal, comunal y vecinal. Valorar nuestras instituciones en todo lo que valen, conociéndolas y entendiendo su función en el sistema democrático, no atacándolas sin argumentos o dentro de una conveniencia.
La demagogia y el populismo, no deberían caber en una sociedad que se preste de madura políticamente – lo cual ciertamente es duda -, lo que sí cabe, es asumir patrióticamente, el deber de votar y de contribuir en la gobernanza de manera permanente, consciente e informada correctamente, razonando y analizando los discursos y acciones de quienes les damos la oportunidad y el privilegio de gobernar y administrar el país.
Por ello, no solo el ir a votar es hacer Patria y estamos cumplidos, es estar atentos y cuestionar, proponer y no dejar que la impunidad se imponga y reine en la conducción del país. Es saber leer las intenciones y manipulaciones, preguntar, investigar y denunciar lo que está mal, pero con argumentos y pruebas. Tener tolerancia y respeto ante los diferentes puntos de vista, dejar lo individual y grupal por lo que es de beneficio para la mayoría de la población. Contribuir con la construcción de un país que se distinguió por su respeto a los derechos humanos, la solidaridad y el trabajo honesto ¡. Trabajar y contribuir sin egoísmos por un bien común, que nos lleve a un futuro promisorio y de esperanza.
Recordemos el caudal y cimientos que fueron nuestra educación para crecer y desarrollarnos como país.
Dejemos el discurso ofensivo y vulgar, dejemos de crear brechas y disparidades, discriminación y otras situaciones que llevan a conflictos y confrontaciones innecesarias. Así que, esa gran cantidad de "indecisos" debe salir a votar y participar como los demás ciudadanos, en este sagrado privilegio y deber de votar en una fiesta transparente y patriótica, que nos siga distinguiendo ante el mundo, como un país de derecho y con valores y principios democráticos sólidos, resultado de unas elecciones libres, que se han gestado históricamente, con sacrificio y visión, más allá de voces discordantes y actitudes polarizantes. Esa es la tarea, y más allá del voto…hagamos Patria participando en la construcción constante y consciente en la gobernanza de nuestra nación.
