Siempre la falta de amor, el egoísmo y la ignorancia que se viven en la humanidad hace previsible grandes peligros. No siempre se concretan, y muchas veces se logra vencerlos. La humanidad sobrevive.
Hoy en medio de las grandes disrupciones propias del cambio de época que vivimos podemos otear cuatro posibles catástrofes.
Todas esas amenazas son vencibles. De cada una de ellas puede la humanidad derivar bienestar y no tragedia. Pero en cada una el resultado depende de las acciones y la institucionalidad con la que la enfrentemos.
Claro que para enfrentarlas bien dependemos del conocimiento. Pero solo el conocimiento no es suficiente. Necesitamos someter la acción humana a los controles de la ética centrada en la dignidad y la libertad de cada persona, debemos poner límites a las acciones individuales, de grupos y del estado para evitar el caos y la destrucción que provocan los abusos del poder irrestricto.
El caballo blanco
En el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, el jinete en el caballo blanco va con un arco y simboliza la conquista, el poder que vence.
La Inteligencia Artificial y todos los extraordinarios avances tecnológicos de la Cuarta Revolución Industrial permitirían una inimaginable concentración de poder. Esa concentración se puede dar por las enormes economías de escala que serían posibles gracias a la acelerada innovación que realizan unos cuantos, y que solo es realizable con inmensos recursos.
Incluso se podría dar que —gracias al desarrollo de la neurociencia y de la informática— los poseedores de la tecnología puedan manipular la información y determinar nuestro comportamiento a costa de la libertad.
¿O será acaso que la IA auto generativa llegará a dominarnos a los humanos de manera que pasemos a ser objetos de su poder y designios?
El caballo rojo
El jinete en el caballo rojo con una gran espada representa la guerra.
El armamentismo y la división geopolítica se incrementan.
Vivimos un ataque generalizado a la institucionalidad internacional que se estableció después de la II Guerra Mundial. Ese orden permitió ir creando relaciones entre naciones basadas en reglas, en el respeto a los derechos humanos, en evitar la guerra. No en el simple designio de los más poderosos.
Se enfrentan nuevos bloques y las guerras que se habían apaciguado reviven con furia: la invasión de Putin a Ucrania, la crueldad de Hamás, la cruel guerra en Gaza perpetrada por el extremismo derechista de Israel, los conflictos en Medio Oriente y en Yemen, el salvaje enfrentamiento de dos ejércitos en Sudán, la interminable guerra en la República Popular del Congo, las batallas en Myanmar y el Sahel, el caos en Haití el crimen organizado en América Latina.
El caballo negro
Su jinete va con una balanza que mide la escasez, simboliza el hambre.
El calentamiento global, la pérdida de especies y del equilibrio ambiental amenazan a la humanidad.
Las nuevas pestes podrían arrasarnos.
Los acuerdos internacionales para defender la salud y el ambiente se debilitan.
Hoy el gobierno de Estados Unidos y millones de personas se oponen a las medidas necesarias para evitar las peores consecuencias del deterioro ambiental. Otros millones de personas luchan contra la institucionalidad internacional que debe proteger la salud y contra los adelantos del conocimiento, las vacunas, y los medicamentos que nos permitirían enfrentar las pestes.
El caballo bayo
Lo monta la muerte.
El cambio demográfico que se empieza a generalizar con cada vez más jóvenes evitando emparejarse amenaza a una disminución de la población humana.
¿Nos destruiremos por nuestra propia falta de reproducción? O, ¿lo haremos por no saber enfrentar los retos de una población envejecida dependiente de pocas personas en la fuerza laboral?
Conducir los caballos para el bien y el progreso
La fuerza, la belleza, la energía y la nobleza de los cuatro caballos puede conducirnos al bienestar de la humanidad.
El resultado depende de la dirección que les señalen sus jinetes.
El jinete del caballo blanco puede sustituir el arco por la cruz.
La cruz que significa la entrega por el bien de todas las personas, que se logra con el avance del conocimiento sometido a una ética centrada en la libertad, la dignidad de todos y la solidaridad con todos.
El jinete del caballo rojo puede sustituir la espada por la balanza de la justicia. La guerra por los acuerdos al interior de las naciones, y la paz entre religiones, ideologías, nacionalidades y estados.
La fuerza de la institucionalidad internacional sustentada en reglas prestablecidas y en la cooperación, y no en el simple imperio del poder y la negociación casuística nos conduciría por sendas de avance para todas las naciones.
El jinete del caballo negro cambia el símbolo de la escasez por el arado y el estetoscopio, que significan la capacidad de labrar la tierra para la alimentación de todos, preservando nuestra naturaleza y sus equilibrios, y de utilizar el conocimiento para preservar y restaurar la salud.
El jinete del caballo bayo no debe ser la muerte si no la vida. La vida que si la vivimos fraternalmente nos permite atender al más desprotegido y enfrentar las más difíciles circunstancias. La vida que, vivida con respeto a todos, y limitada por una ética anclada en la dignidad y la libertad de todos y en la solidaridad, nos permite paz y progreso.
En resumen, orientados por el amor, los cuatro caballos del apocalipsis nos pueden conducir a la paz y la felicidad.
Todo depende de los jinetes, depende de que conduzcan sus caballos hacia el bien.
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