Lo digo como un pastor evangélico: los pastores no deben exceder su ámbito de autoridad para buscar influir en el voto de los miembros de sus congregaciones.

Recientemente, circularon un video y un folleto relacionados con el Foro Mi País, una organización que representa la continuidad del legado político de Rodrigo Chaves, según dicen en sus propios términos. En el video se insta a pastores a entregar folletos asociados a un partido político al final de sus servicios dominicales. La estrategia consistía en que el pastor no hiciera un llamado desde el púlpito, sino que un líder de su congregación lo hiciera a las afueras del edificio de la iglesia, para que las personas decidieran “libremente si quieren votar o no” por dicho partido.

Si bien ya varios medios de comunicación han reportado lo sucedido, enfoco este breve artículo en un análisis bíblico acerca del rol del pastor en el contexto de las decisiones políticas. Es decir, no es este un estudio de los alcances de la libertad religiosa a la luz del artículo 28 de la Constitución Política, ni tampoco es un ataque contra el partido que se buscaba favorecer en la reunión de Foro Mi País. Por el contrario, se brinda luz sobre las pautas respecto de la distribución de autoridad que da la Biblia, para instar a los pastores a no influir en el voto de los miembros de su iglesia local favoreciendo a algún partido, así como motivar a los cristianos a conocer cuáles son los límites de la autoridad de sus pastores.

Comencemos por lo básico: según la Biblia, toda autoridad pertenece a Dios. Sin embargo, Dios ha delegado su autoridad en diferentes instituciones de la sociedad. Entre ellas, se encuentran la familia, la iglesia, que es la unión de los cristianos, y el Estado. Según la Biblia, la iglesia y el Estado tienen autoridad delegada sobre diferentes ámbitos, para lo cual se utilizan ilustraciones que representan el poder de cada una. A la iglesia le fueron dadas las llaves del reino de los cielos (Mateo 16), mientras que el Estado tiene el poder de la espada (Romanos 13).

Ahora bien, la Biblia no presenta un planteamiento ingenuo que ignora la realidad, sino que reconoce que hay interacción entre la iglesia y el Estado, y establece los límites correspondientes. En cuanto a la interacción entre ambos, es claro que el Estado ejerce la autoridad de la espada sobre los líderes religiosos. Si uno de ellos comete un delito en el ejercicio religioso, deberá responder ante el poder estatal. A su vez, la iglesia puede reprender al Estado cuando realiza acciones contrarias a la ley de Dios o emite leyes injustas, como por ejemplo autorizar el asesinato de seres humanos inocentes.

En cuanto a los límites establecidos, la Biblia restringe la intromisión estatal en asuntos de la iglesia local. Por lo tanto, no corresponde que el Estado defina quiénes son los pastores de una iglesia local específica. Pero a su vez, se restringe la autoridad de los líderes religiosos al ámbito de lo eclesial. El pastor puede guiar a los miembros de su iglesia local, enseñarles lo establecido en la Biblia y exhortar a sus miembros cuando corresponda. Sin embargo, el pastor no puede decidir a qué escuela deben asistir los niños de una familia, pues violaría el ámbito de autoridad de la familia, ni tampoco debe influir directamente sobre el voto de sus miembros en favor de un partido específico.

En este mismo sentido, un pastor puede ilustrar virtudes bíblicas que la congregación debe buscar en un líder, e incluso puede ejercer su derecho de criticar políticas públicas que son contrarias a la Biblia. Sin embargo, esto solo le dirá a la congregación qué tipo de líder buscar, no los dirige a un líder específico.

Sobre el caso concreto del evento de Foro Mi País, deben decirse algunas cosas. En primer lugar, la enseñanza bíblica no realiza distinción respecto de si un pastor excede su ámbito de autoridad desde el púlpito o si instruye a uno de los líderes desde la iglesia a hacerlo por él en otro espacio cercano al edificio eclesial. Esas distinciones podrán ser relevantes para el Tribunal Supremo de Elecciones en su análisis sobre si hubo violación de prohibiciones constitucionales, pero son irrelevantes desde una perspectiva de límites bíblicos al rol del pastor.

En segundo lugar, es claro que, en la práctica, entregar panfletos en favor de un partido a las afueras del edificio eclesial se entenderá como un acto que los pastores de la iglesia local respaldan. Nuevamente, la estrategia planteada no pasa de ser un tecnicismo para buscar un vacío legal.

Por último, lo digo claramente: el pastor evangélico no deja de ser ciudadano cuando asume el oficio. Tiene el derecho y el deber de informarse sobre el acontecer político, tener pensamientos propios, y ejercer su derecho al voto. Incluso, puede dejar temporalmente su cargo e incursionar en política, si así lo desea. No obstante, el límite se encuentra en no ejercer la autoridad que le ha sido dada por Dios, y reconocida por su congregación, para buscar apoyar a una opción política específica.

A mis hermanos pastores: ejerzamos la autoridad que se nos ha delegado con excelencia. Llevemos a nuestra congregación a hacer uso de las llaves del reino de los cielos, pero no excedamos nuestro ámbito de autoridad, ni busquemos influir en el voto de nuestros miembros, favoreciendo a algún partido político específico.

A mis hermanos creyentes: la Biblia nos llama a ser ciudadanos responsables, comprometidos, y a orar por nuestros dirigentes civiles. Asimismo, nos llama a reconocer la autoridad de nuestros pastores y a orar por ellos. Sin embargo, debemos conocer cuando un pastor se excede en el ejercicio de su autoridad, como lo establece la Biblia.

Que Dios haga Su voluntad en estas elecciones.

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