El pasado mes de mayo del 2025, grupos de mujeres, activistas y feministas nos suscribimos a un manifiesto que se tituló: "Llamado al Cese de Hostilidades, un mensaje dirigido a toda la población", siendo motivadas y motivados por los discursos del presidente de la República, Rodrigo Chaves, incitando a la población costarricense a iniciar una guerra civil y tomar armas en su defensa, rechazando toda muestra de oposición, de lo cual lo sorprendente es que a pesar de que su discurso fue televisado y difundido en redes sociales, no hubo reacción por parte de las autoridades competentes en el tema de la seguridad ciudadana y protectora de los derechos humanos.
Las formas en que se manifiesta la violencia son muy diversas, ya que surgen a raíz de diversos factores socioculturales, familiares, individuales y colectivos, el entorno en el que nos desarrollamos, crecemos y aprendemos es influencia y síntoma de los niveles de violencia que cada individuo llega a normalizar en sus funciones sociales, de allí que muchas de las peticiones de distintos grupos defensores de derechos humanos se inclinen a la preocupación por los derechos de las infancias y su educación, pues esto define los roles sociales activos ligados al desenvolvimiento, avances o retrocesos en el país a futuro.
El evidenciar en el panorama actual costarricense un incremento en las conductas violentas y el involucramiento juvenil en la criminalidad no es casual, es el resultado de un deterioro educativo acelerado en estos últimos cuatro años con una fracasada "Ruta de la Educación", de la cual su única ruta ha sido al declive social, a eso debemos aunar el también intento fallido por frenar el crimen organizado, delitos, homicidios, abusos, femicidios y todo tipo de agresiones mediante acciones o más bien inacciones por parte de las autoridades, sin recriminar del todo a la labor ejecutada por el Poder Judicial con los pocos recursos otorgados bajo esta administración gubernamental. Y aún si contáramos con todo el arsenal material y económico, es imposible que no sigamos viendo aumentos en la violencia cuando ésta misma es legitimada por la figura presidencial, máximo liderazgo y representación de la sociedad en la que vivimos otorgando permisos para desatar aún de forma más agresiva el caos.
Que muchas mujeres desde su diversidad de lucha e ideologías se posicionan y actúan contra toda normalización de la violencia es un acto heroíco que debemos rescatar, ya que en la historia de la humanidad nuestros roles de cuido colectivo nos han sostenido, acuerpado e impactado en la mejora de nuestro entorno, el intentar silenciarnos no es una opción, ya nacimos aguerridas y poco a poco vencemos los roles impuestos basados en la contienda por el poder y la violencia desde lo patriarcal. Cito textual una frase del manifiesto:
Frente al autoritarismo y la arbitrariedad, frente a las guerras y genocidios que otros deciden sin ninguna compasión, rechazamos toda intención de retroceder y de renunciar a nuestras esperanzas por una vida más justa y más pacífica".
Manifestemos de forma materializada esta esperanza, luchando por la vida democrática, las garantías individuales y colectivas, sosteniendo el Estado Social de Derecho, sin retrocesos que violenten los derechos humanos de las diversas poblaciones del país, y sobretodo con un compromiso por el diálogo pacífico, respetuoso, libre de violencia y libre de autoritarismos que nunca han dado resultados positivos en ninguna nación. Tenemos la opción de elegir el futuro que queremos desde el presente, desde la democracia, la empatía y calidez humana que nos caracteriza, aferrarse a estos valores cívicos y morales nos fortalecerá como sociedad.
Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo" - Elie Wiesel.
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