Imagen principal del artículo: Las mujeres y el voto: una decisión que no se toma desde el miedo

Las mujeres y el voto: una decisión que no se toma desde el miedo

Las mujeres no votamos por impulso. Votamos desde el entendimiento, la experiencia y el corazón. Desde la experiencia de sostener hogares, criar hijos, trabajar, cuidar y organizarnos para que la vida funcione. Porque una mujer no solo representa a una persona, representa a una familia. Por eso, cuando llega una elección presidencial, nuestra pregunta no es ideológica, es profundamente práctica. ¿Quién resuelve? ¿Quién les habla a las mujeres, desde sus necesidades, realidades, prioridades e incertidumbres?

Hoy, Costa Rica atraviesa un momento complejo. No es percepción, es una realidad. El país cerró el último año con más de 900 homicidios, una cifra inédita en nuestra historia. En materia de empleo, casi el 7% de nosotras las mujeres están desempleadas, cifras que aumentan en zonas costeras y fronterizas, pero nadie mide el impacto de la alta informalidad entre las mujeres, la baja remuneración, muchas veces expulsadas de la fuerza laboral formal por la ausencia de alternativas de cuido de sus hijos, nietos o adultos mayores a su cargo. En educación, los datos son claros: estamos en una coyuntura que se acrecienta año con año en perjuicio del futuro de nuestros hijos, sumada a la bajísima o nula inversión social.

Costa Rica es un país que cuenta con más del 40% de sus hogares liderados por mujeres, no solo en lo emocional sino también en lo económico y social. La inseguridad dejó de ser un tema lejano: está en los barrios, en las escuelas y en el transporte público. Frente a todo esto, las mujeres no buscamos discursos incendiarios, buscamos respuestas que vislumbren soluciones claras. Estas elecciones las definimos las mujeres, por eso ocupamos que nos hablen de realidades con respuestas claras, pero con respeto.

Porque el miedo no educa, la descalificación no protege, la confrontación permanente no da tranquilidad. Las mujeres sabemos que la autoridad verdadera no grita, sino que resuelve. El liderazgo real no humilla y que gobernar no es imponer carácter, sino tomar decisiones con responsabilidad humana.

Por eso, cuando analizamos esta elección, muchas llegamos a la misma conclusión: no podemos seguir igual. El país necesita un cambio de tono y de prioridades; urgen soluciones en democracia.

Necesitamos un liderazgo serio, preparado y empático. Que represente capacidad para entender el Estado y hacerlo funcionar, serenidad para gobernar sin miedo ni agresión y sensibilidad para poner a las personas en el centro de las decisiones.

Por eso yo votaré por alguien con criterio, planteamientos claros, con equipo, humanidad y vocación democrática. Porque las mujeres no elegimos desde el odio, elegimos desde la responsabilidad, desde el futuro que queremos para Costa Rica, para nuestros hijos.

Este 1.º de febrero, las mujeres no solo votamos, definimos el rumbo del país. Y lo hacemos como siempre, con los pies en la tierra, la cabeza clara y el corazón firme. Sin olvidar que Costa Rica necesita seguridad, sí. Pero una seguridad que no sacrifique la democracia. Necesita orden, sí. Pero con respeto. Necesita liderazgo, sí. Pero con humanidad.

Mi decisión está tomada, yo votaré por Álvaro Ramos y por eso invito a todas las mujeres a reflexionar, no desde el ruido sino desde lo que vivimos todos los días, pero con información. Este 1.º de febrero no solo elegimos a una persona, elegimos qué país dejamos a nuestros hijos, qué valores defendemos y qué tipo de liderazgo permitimos que nos represente.