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La trampa, no se repartan nada

Siempre, en todo momento y lugar el derrotismo fue, es y será un mal consejero en momentos de crisis o tensión.

De muchas formas en nuestra realidad democrática ese sentimiento viene acumulándose, alimentado por la decepción de un sistema político que no respondió a lo que la gente esperaba de él. Y de eso caímos aquí donde estamos, con altos niveles de abstencionismo electoral y con un perverso proyecto autoritario en marcha que sabe que el derrotismo es su mejor aliado para ganar.

Y así estamos ahora, primero, el chavismo cuenta con una base sólida y sectaria de un 25% a 30% de electorado decidido que votará ciegamente por una candidata decorativa, incompetente, muda y títere con la que Chaves y Cisneros mantendrán el poder cuatro años más, ah y la inmunidad si al primero se le nombra en algún puesto de gabinete; segundo, esa base, más un abstencionismo alto como el de la última elección y algunos votos que puedan recolectar por el camino le podrían bastar para ganar en primera vuelta. Así como lo oye.

Es entonces que el oficialismo ha apostado por una campaña triunfalista, de decir que ya ganaron para insuflar en el votante frío la idea de que es inútil ir a votar, por un lado cantan victoria y por el otro desmotivan a esa enorme masa mayoritaria de personas indecisas que reportan todas las encuestas. Repito, una masa mayoritaria, mucho más que todo el apoyo a la aspirante fantasma y el pelotón detrás de ella.

La cosa es que con esos números a la camarilla chavista le bastarían unos 400 mil votos para ganar en primera vuelta y déjeme alertarle de una cosa: eso es posible y sería devastador para el país.

Pongámoslo así: el movimiento totalitario chavista usa a la democracia, pero la odia, lleva casi cuatro años tratando de desmontarla con poco éxito y esta resiste, pero un triunfo cabal en primera vuelta le daría una potencia tal que sería mucho más difícil detenerlo, con semejante triunfo electoral se sentiría empoderado para arremeter con más violencia contra todos aquellos contrapesos que han evitado que, por ejemplo, traten de cerrar frecuencias de radio y televisión, aumente la presencia del narco en el país, se subaste nuestra naturaleza al más rico o de sus claro objetivo de acabar con la salud y la educación pública, por decir solo algunos ejemplos. La violencia contra todo el que se le oponga será exponencialmente mayor y su capacidad para hacer daño se multiplicará. Solo imagínelo y horrorícese.

Pero es entonces cuando hay que recordar que el triunfalismo también suele ser un pésimo consejero, porque la apuesta por un derrotismo generalizado y alto abstencionismo, si bien se sostiene por una tendencia que viene al alza, no está relatando un fenómeno natural o mecánico incambiable o imparable, porque aquí no estamos hablando de cosas inertes sino de personas pensantes y sintientes que pueden cambiar de opinión hasta en el último instante.

Ya ha pasado antes, lo sabemos, y puede volver a pasar. Ahora bien ¿Qué ganamos con alargar este martirio hasta la segunda vuelta? Esta es la mejor parte:

En una segunda vuelta las dos fuerzas políticas que pasen tendrán que admitir sus limitaciones, hacer acopio de humildad y pragmatismo y acercarse a los que perdieron y también con aquellos sectores que les apoyaron, con un margen menor de triunfo las fuerzas contendientes que quedan tendrán que moderarse, dialogar y ceder acuerdos ante la eventualidad de ser gobierno. Un triunfo en primera vuelta es muy avasallante, uno en segunda ronda no, el escenario cambia y más para el chavismo y sus delirios perversos y sociópatas de controlarnos a todos y todas.

Ahora bien, aquí viene la remontada del abismo de Helm (guiño a las Dos Torres, que ilustra este artículo), cuando todo parece perdido y el contrincante se cree imparable aparece la caballería con el ascenso del Sol y evita la catástrofe, dando la salvación a algo que ya parecía perdido. Esa caballería es la masa mayoritaria de personas indecisas, votantes fríos que el 1 de febrero pueden levantarse del sofá, salir de la casa e ir a votar, con muchos más votos la reserva dura de seguidores chavistas pesará menos porcentualmente y si en lugar de un millón sufragaran el doble el proyecto autoritario ya no necesitaría 400 mil sino 800 mil votos, y esos sí que no los tiene, no le alcanza y se vería obligado a ir a segunda ronda donde, sí o sí, su diminuta candidata tendría que poner la cara y confirmar lo que ya todos sabemos: que es incapaz de gobernar y que es una locura ponerla en Zapote. Entonces se viene abajo y en pedazos la torre de Barad-dûr. Final de impacto.

Por último, usted puede votar por quién quiera, yo lo voy a hacer por Ariel, tengo sobradas razones para hacerlo, usted, indeciso que le teme a un proyecto maligno como el que representa el chavismo, tiene una amplia gama de opciones, solo siga su consciencia y sobre todo la convicción de que puede ayudar a evitar un futuro peor para su país.

Salga a votar.