En las últimas semanas, pero sobre todo en los últimos días, hemos observado como algunos candidatos presidenciales, llaman a votar masivamente en las próximas elecciones presidenciales, pero no necesariamente por ellos, sino por cualquiera de los candidatos, en lo que parece más bien un síntoma de desesperación a pocos días del “día E”, para así intentar forzar la necesidad de una segunda vuelta electoral.
Declaraciones desesperadas pero entendibles. A mayor participación en las elecciones presidenciales, mayor dificultad que cualquier candidato logré el 40% necesario para ganar en primera ronda, obligando así a la realización de una segunda ronda electoral para definir un ganador. Veamos:

Peligrosos deseos para sí mismos. Estos deseos de una alta participación en las elecciones presidenciales por parte de las fuerzas de oposición, ciertamente podría beneficiarles al elevar las posibilidades de la necesidad de realizar una segunda ronda electoral para definir un ganador en las elecciones presidenciales, pero podría perjudicarles considerablemente en sus aspiraciones de obtener representación en las elecciones legislativas. Esto debido, a que también se elevaría el número de votos necesarios para poder superar la barrera del subcociente, barrera que, en caso de no superarse, no les permitiría participar del reparto de diputaciones de cada provincia. Veamos un caso hipotético en la provincia de San José:

Panorama complicado para la oposición. El escenario ideal para la oposición, sería el de una alta participación en las elecciones presidenciales, algo difícil de ocurrir, si tomamos en cuenta que la participación electoral viene cayendo de forma sostenida desde las elecciones de 2010 y el de una baja participación en las elecciones legislativas, donde los datos de las últimas cuatro elecciones legislativas sí les sonríen, dado que el abstencionismo en las elecciones legislativas, en algunas provincias, es mucho mayor que en las elecciones presidenciales. Veamos el caso de las elecciones de 2022 para ilustrar:

Panorama mucho más sencillo para el oficialismo. Algunos expertos como mi querido ex profesor Ronald Alfaro, director del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), ha manifestado que, si por la víspera se saca el día, las elecciones presidenciales de febrero podrían registrar el mayor abstencionismo de la historia de Costa Rica, algo que parece previsible si observamos el poco interés que se percibe en el electorado, partidos políticos completamente ausentes de la campaña, muy debilitados y sin recursos económicos.
Una de cal y una de arena. Una alta participación efectivamente podría complicarle al oficialismo sus posibilidades de ganar las elecciones presidenciales en primera ronda, pero podría facilitarles enormemente su objetivo de lograr el mayor número de diputaciones posibles— donde se juega lo más importante —, ya que serán muy pocos los partidos de oposición que podrían superar la barrera del subcociente, algo que ellos superarán con facilidad en todas las provincias del país.
