En una democracia, la libertad de expresión no es un privilegio que nos dan quienes aspiran al poder. Es un derecho fundamental que permite a la ciudadanía fiscalizar y cuestionar a quienes toman, o pretenden tomar, decisiones políticas. En campaña electoral las señales importan. Una de ellas es la forma en que se reacciona a la crítica ciudadana.
Fui bloqueado en varias redes sociales por Laura Fernández Delgado, exministra, funcionaria pública de carrera y actual candidata presidencial, luego de realizar un comentario crítico que en ningún momento fue irrespetuoso, ofensivo ni violento. Bloquear a quienes cuestionan no es un gesto menor. Es una decisión política que dice mucho sobre cómo se concibe el poder.
Conviene decirlo con claridad pedagógica: cuando una figura pública, y más aún una funcionaria pública y candidata presidencial, utiliza redes sociales para posicionar mensajes y construir narrativa política, esas plataformas dejan de ser espacios privados. Se convierten en foros de interés público, donde rigen estándares reforzados de libertad de expresión y pluralismo. No es que el Estado sea dueño de las redes sociales, es que el uso que se hace de la plataforma es inequívocamente público.
Bloquear a una persona crítica no es lo mismo que ignorarla porque el bloqueo elimina de raíz la posibilidad de participar en el futuro, impide acceder a información de interés público y excluye del espacio democrático. En términos de derechos humanos, eso se llama censura indirecta. La Sala Constitucional ya lo ha dicho con claridad en un caso anterior contra la diputada Sofía Guillén: cuando una persona funcionaria bloquea a un usuario por razones de crítica política, vulnera la libertad de expresión. La incomodidad no justifica la censura.
Aquí vale una explicación sencilla pero fundamental. En el derecho constitucional y en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos no existe algo llamado “derecho a no ser cuestionado”. Menos aún para quienes ejercen poder o aspiran a ejercerlo. La Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos han sido categóricas: el discurso político es el más protegido de todos. En casos como Herrera Ulloa vs. Costa Rica, Ricardo Canese vs. Paraguay y Kimel vs. Argentina, la Corte ha sostenido que quienes participan en la vida pública deben tolerar un mayor escrutinio y que limitar el debate político, especialmente en contextos electorales, afecta directamente la calidad de la democracia.
La democracia y la libertad de expresión no protege a las personas poderosas del malestar. Protege a la ciudadanía frente al abuso del poder. Bloquear a una persona por expresar una opinión política crítica no supera ningún test democrático porque no es necesario, no es proporcional y no es legítimo. Por eso, cuando una candidatura presidencial responde a la crítica bloqueando evidencia falta de cultura democrática y una tentación autoritaria.
Laura Fernández no es una ciudadana común. Es funcionaria pública desde hace dos décadas y tiene plaza en propiedad desde 2013 en el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica (MIDEPLAN). Aunque actualmente se encuentra con permiso sin goce de salario para realizar actividades políticas el vínculo laboral con el Estado no se rompe. Tampoco desaparecen sus obligaciones constitucionales como funcionaria.
Pero el Partido Pueblo Soberano también tiene responsabilidad. Los partidos políticos no son entidades privadas, son instituciones constitucionales supuestamente destinadas a fortalecer la democracia. Cuando un partido tolera o se beneficia de estrategias de comunicación que excluyen voces críticas, está enviando un mensaje claro: el disenso estorba, la crítica molesta, el control ciudadano incomoda.
Normalizar que candidaturas presidenciales bloqueen a quienes piensan distinto es abrir la puerta a una democracia cada vez más cerrada, más frágil y más autoritaria en las formas. Las elecciones no solo se tratan de quién gana. También se tratan de cómo se compite y qué prácticas se legitiman. Porque una cosa debería quedar clara desde ya: quien no tolera la crítica en campaña, difícilmente la tolerará desde el poder.
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