Imagen principal del artículo: La política no se arregla huyendo

La política no se arregla huyendo

La política en Costa Rica está quemada, eso nadie lo discute. PLN, PUSC y PAC cargan con un pasado que genera rechazo automático, memes, desconfianza y hastío, especialmente entre la gente joven y sí, sobran razones de sobra para ese malestar, las oigo a diario soy madre y abuela de jóvenes adultos y adolescentes pensantes, sin embargo, quedarse solo en el “todos son iguales” no ayuda a mover nada.

En medio de ese desgaste, paa estas elecciones, aparecen figuras como Ramos, Hidalgo y Dobles, que están haciendo algo que a mi parecer, no es nada popular ni cómodo como lo es quedarse en partidos golpeados y tratar de cambiar las cosas desde adentro.  Puede que no sea la jugada más "cool", ni la más rentable para unas elecciones presidenciales, pero sí es una decisión muy valiente; apostar por limpiar la casa cuando está tan sucia, tratando de que reluzcan las cosas que sí están bien y que embellecieron en otras épocas en vez de salir corriendo a construir otra desde cero, eso tiene mérito.

Lastimosamente es muy probable que esto tenga un costo político enorme. La gente ya no perdona y en este ámbito político de los últimos años en donde nos han recetado gritos, insultos y acusaciones a diestra y siniestra, muchas veces, sobre todo a los más jóvenes, les cuesta distinguir entre quienes causaron los problemas y quienes hoy intentan arreglarlos. Pero no todo está perdido, también hay algo honesto en esa apuesta, reconocer que los partidos no se arreglan solos, y que la democracia no se fortalece fragmentándola más, es una muestra de madurez política.

Es ahí en donde la conversación debería interpelar directamente a la juventud. En lugar de seguir multiplicando partidos pequeños, sin identidad ideológica clara y sin posibilidades reales de incidencia, estos casos muestran otro camino.  Crear un partido nuevo cada 4 años puede sonar rebelde o “puro”, pero en la práctica termina dispersando ideas, votos, proyectos y dejando todo igual o peor que antes (para muestra un botón con el actual gobierno).

Cambiar estructuras grandes es lento, incómodo y frustrante; hay que aguantar críticas, cargar con errores ajenos y mantener coherencia cuando parecería más fácil rendirse; pero si estas figuras logran sostener una línea clara, ética y consistente, pueden sentar bases reales para una renovación política que no sea solo cosmética. Es cierto que tal vez no ganen aplausos inmediatos ni "trending topics", pero sí están dejando una lección importante: la política no se transforma huyendo, sino quedándose, dando la pelea y haciendo el trabajo difícil.

Ese sería el mensaje que la juventud política debería tomarse en serio si de verdad quiere cambiar las cosas y el primer paso lo pueden dar el próximo domingo saliendo a votar.