Ha sido interesante en los pocos debates que ha participado Laura Férnandez, heredera del chavismo, la disputa con el partido evangélico de Fabricio Alvarado, por la estafeta del partido conservador en Costa Rica.
Se ha validado, sobre todo en el actual gobierno de Cháves, una desconfianza hacia todo lo que implique progresismo, conciencia crítica, se afianzan en el orgullo de considerarse “extrema derecha”. Un posicionamiento desgastado y de doble moral, lejos de combatir lo que critica, lo legitima. Palabras como tradición, en el fondo quiere mantener un statu quo de poder, la defensa de lo bueno, queda a un paso de lo conveniente para un partido, para manipular la conciencia y en nuestro país es claro, la religión sigue siendo un vehículo para ganar votos.
Si nos vamos a la acera del frente, en la izquierda, existen igual infantilismos utópicos de realidades que no son. Sin embargo, esta alergia progresismo se ha convertido en un recurso retórico para desacreditar sin proponer ideas.
Ahora este conservadurismo, que se creen dueño de la verdad absoluta, si es laxo para juzgar y discriminar, para tener actitudes xenófobas, homofóbicas, machistas y defender una supuesta libertad moderna, desde lo que ellos conciben como racional, ideas vaciadas de contenido.
Resulta demasiado cómodo de parte de estos partidos, responsabilizar a las universidades públicas, a sindicatos, a la prensa y evitar asumir que atravesamos una crisis en la cultura, en la educación. Hay una legitimación de crueldad en el fondo, de anular, diferentes sectores o minorías sociales, algo peligroso.
Es preocupante que se utilicen en iglesias evangélicas, espacios para desde la defensa de lo provida, comprar adherencias partidarias. Que estas cortinas de humo ideológicas, no nos distraiga de lo fundamental, hay que ir a votar el 1 de febrero. Ya que quizás en el fondo, quieren que gane el abstencionismo, de manera que estos partidos conservadores, no tengan competencia alguna para posicionarse en el poder y borrar lo tradicional de nuestra democracia y que tanta credibilidad nos ha dado internacionalmente.
La democracia está en juego, si miramos a nuestro alrededor, hay países que no tienen ese privilegio o se vician los resultados, ser espectador es muy fácil, pero es huir de la responsabilidad ciudadana. Hay mucho que perder si dejamos el voto, no podremos quejarnos de los líderes. Una decisión acertada en las urnas, nos librará del populismo de estos 4 años, de las tendencias autoritarias y retornar a la estabilidad del país.
Tenemos 20 opciones, de manera que apoyemos lo que se puede hacer bien y corrijamos los males sociales. A diferencia de lo que ocurre en las dictaduras antiguas o nuevas —como el “Bukelismo” salvadoreño—, con el voto libre la democracia confía en nosotros, ¡vaya responsabilidad!
Nuestra voz, aún en Costa Rica pesa, y se nos pedirá cuentas del futuro de nuestro país. Se nos empodera, de manera, que nuestras necesidades sean validadas, votar es el mejor ejemplo para las futuras generaciones.
¡Que gane el pueblo!
