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La democracia costarricense en peligro: defendámosla en las urnas

Centroamérica ha vivido un proceso de erosión democrática desde el siglo pasado, con guerras civiles, regímenes autoritarios transformándose en autocracias. Anteriormente, la interrupción de la democracia era por medio de la fuerza militar; actualmente, el proceso ha evolucionado y se refleja en procesos electorales ilegítimos que vulneran la institucionalidad y coartando la división de poderes. Ante la coyuntura actual ¿dónde se ubica Costa Rica ante la tendencia de erosión democrática?

En su historia, Costa Rica se enorgullece por haber logrado hitos en la región que forma parte de la institucionalidad democrática. Varios ejemplos pueden ser educación gratuita, obligatoria y costeada por el Estado en 1869, la abolición de la pena de muerte en 1877, la creación de la Universidad de Costa Rica, la promulgación de las garantías sociales, el Código de Trabajo y la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social; esas ultimas en la década de los cuarenta. A eso se le añade, la abolición del ejército, el voto femenino y la creación del Tribunal Supremo de Elecciones.

Por lo que ha surgido una “excepcionalidad costarricense”, que hace que Costa Rica sea un caso atípico en la región y referente democrático. Se ha caracterizado por un sistema electoral consolidado, siendo una de las democracias estables y longevas de la región Centroamericana y Latinoamericana.

Aunque, se han vivido  retrocesos democráticos como puede ser el abstencionismo debido a que el electorado presenta una desafección con la política y el descontento de ir a escoger sus representantes, el desprecio hacia los otros poderes de la República por parte del Ejecutivo, coartar la libertad de prensa, entre otros. Costa Rica, en el último informe de The Economist sobre democracia, mantiene una calificación de 8,29 y se cataloga como una democracia plena (siendo una de las veinticinco democracias plenas).

Debido a la cultura democrática costarricense, en el ideario costarricense solo se conoce en vivencia propia ese sistema, el democrático. Atrás se han dejado las dictaduras de los Tinoco que en la historia costarricense se deja de lado o la del dictador Tomás Guardia.  Pero dice el relato “quien no conoce su historia, está condenado a repetirla”. En una época donde la democracia es la excepción y no la norma; a pesar de las olas democratizadoras que han ocurrido sigue siendo un sistema difícil de sostener para las naciones.

La historia demuestra que salidas fáciles con liderazgos autoritarios no terminan de resolver los problemas de los países. Por su lado, en Europa durante el siglo XX o América Latina en el siglo pasado y el actual, llegaron al poder figuras que buscaban la concentración del poder y el debilitamiento institucional consiguiendo efectos dañinos para los países. Eso debería verse como ejemplo, para no repetir lo mismo en las democracias actuales.

Costa Rica elegirá el domingo 1 de febrero a sus autoridades para el Ejecutivo y Legislativo. A cada persona, le entregan dos papeletas donde en una selecciona a su candidato presidencial de preferencia junto con su bandera y en la otra hoja al partido político por el cuál votará para diputaciones. El acto de votar –que puede durar un minuto—tiene un efecto que conlleva como mínimo cuatro años o hasta más dependiendo de los efectos de esa decisión.

Séneca le dijo a Nerón que podría destruir Roma con su política descabellada, pero que no masacraran las artes pretendiendo cantar. Eso que le dijo Seneca a Nerón debe estar presente en el electorado al momento de realizar un voto informado y responsable para cuidar la democracia que nos ha ayudado al relato de la “excepcionalidad costarricense”.