Costa Rica enfrenta un desafío estructural poco discutido en el debate público: la ausencia de una visión nacional sobre la aviación como herramienta de desarrollo. En un país con geografía compleja, limitaciones viales y regiones históricamente desconectadas, el transporte aéreo no debería entenderse como un lujo, sino como una necesidad estratégica.
A nivel internacional, la experiencia demuestra que los países que integran la aviación dentro de sus políticas públicas fortalecen su competitividad, atraen inversión y generan empleo calificado. La aviación no solo conecta territorios; conecta oportunidades.
En Costa Rica, sin embargo, la actividad aérea ha sido tratada como un sector secundario, costoso o reservado para pocos. Esta percepción desconoce una realidad esencial: la aviación es una industria productiva que multiplica valor. Cada aeronave operando en el país genera empleo directo —pilotos, técnicos, ingenieros, controladores y personal aeroportuario— y empleo indirecto en turismo, hotelería, comercio, logística y educación técnica.
La aviación no extrae riqueza nacional; la redistribuye. Donde existe actividad aérea sostenida se fortalecen comunidades, se dinamizan aeropuertos regionales y se crean cadenas económicas que trascienden al propio sector.
La conectividad aérea resulta aún más relevante ante las limitaciones del transporte terrestre. Costa Rica carece de una red ferroviaria funcional y enfrenta congestión vial permanente. En este contexto, la aviación regional y privada cumple una función complementaria indispensable, especialmente para zonas rurales, costeras y fronterizas.
Países con condiciones geográficas similares —como Panamá, Chile o Colombia— comprendieron que sin aviación no existe integración territorial efectiva. No se trata de sustituir carreteras, sino de conectar donde estas no llegan.
Además, la aviación favorece un desarrollo más equilibrado. Aeropuertos activos fuera del Gran Área Metropolitana generan empleo local, atraen inversión y reducen la concentración económica. El crecimiento no se centraliza: se distribuye.
Pese a estas ventajas, Costa Rica mantiene un enfoque restrictivo que limita la expansión del sector. El resultado es visible: flotas envejecidas, operaciones que migran al extranjero y oportunidades perdidas por falta de planificación estratégica.
Promover la aviación no implica privilegios. Implica reconocer que el desarrollo moderno exige conectividad eficiente, seguridad operacional y políticas públicas alineadas con la realidad nacional.
La propia Ley de Aviación Civil establece que su finalidad es promover la aviación. Cumplir ese mandato no es una concesión sectorial; es una inversión en el futuro del país.
