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La absurda negación de los datos

Quiero usar este espacio para compartir una reflexión sobre por qué es importante no desdeñar ni trivializar los resultados de la más reciente encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP).

Más allá de si nos gustan o no los números que presenta, esta encuesta es una fotografía de un momento preciso. Refleja la realidad concreta de la semana del 12 al 16 de enero. Hoy esa realidad puede haber cambiado, y eso también es parte de entender correctamente qué es —y qué no es— una encuesta.

No podemos deslegitimar una encuesta apelando a que hace ocho años —incluso hace cuatro— quienes terminaron siendo electos aparecían lejos en las intenciones de voto. Ese razonamiento es equivocado.

Las encuestas no buscan predecir el futuro, sino representar momentos precisos. Lo que ocurre es que, conforme se acerca el día de la elección, una parte importante del electorado indeciso termina definiéndose, y es esa decisión final la que inclina la balanza.

Es de suma pertinencia que nos hagamos algunas preguntas esenciales en este proceso de análisis o lectura: ¿comprendo la metodología que se ha aplicado para realizar este trabajo?  ¿Tengo acaso un sesgo ligado al hecho de que nunca me han llamado para participar en esta encuesta? ¿conozco de qué manera seleccionan los números de teléfono a encuestar?

Estas preguntas pueden ponernos los pies en la tierra antes de salir a despotricar contra algo que, en muchos casos, ni siquiera comprendemos del todo.

A lo anterior se suma un elemento clave para afinar el lente con el que debemos analizar estos resultados: la coyuntura actual. Leer esta encuesta sin ese filtro es perder de vista el valor añadido que —aún— preserva nuestra democracia costarricense.

Vale la pena recordar que, en medio de una relación de confrontación sostenida con diversas instituciones públicas —cuyos ejemplos sobran—, la UCR, ha sido blanco constante de desdén, ataques y cuestionamientos.

Aun así, quienes realizan estas encuestas siguen cumpliendo con su trabajo: mostrar, con el mayor rigor posible, la realidad del país, incluso cuando esa realidad favorece a la figura personalísima del mandatario.

Los resultados importan porque influyen. Porque pueden motivar o desmotivar. Porque alguien puede pensar: “ya todo está decidido, no vale la pena votar”, y terminar reforzando precisamente lo que la encuesta advierte sobre el desánimo o la baja intención de participación electoral.

Por eso es clave rescatar el valor de esta “foto”. Defenderla no es defender un resultado ni una preferencia política. Es defender el ejercicio democrático.

Instituciones como el CIEP, al igual que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), representan los valores democráticos sobre los que se ha construido nuestra sociedad y por los que Costa Rica ha sido reconocida en el mundo. El mismo TSE que custodió miles de mesas electorales y que, de manera correcta, otorgó el triunfo al chavismo en las elecciones pasadas.

Creer en estos procesos es también asumir una responsabilidad ciudadana: proteger a las instituciones que siguen funcionando, que siguen cumpliendo con su deber, incluso cuando los resultados incomodan o no coinciden con nuestras expectativas.

Defenderlas no significa estar de acuerdo con todo lo que muestran. Significa entender que, sin instituciones fuertes, críticas y técnicas, nuestra democracia se continuará debilitando.

Y eso sí debería importarnos a todas y todos.