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Júbilo por Venezuela, luto por el planeta

Resulta natural que las víctimas de un dictador alberguen un sentimiento de reivindicación y esperanza porque alguien, aunque sea otro matón, lo esté haciendo pagar su maldad.

Pero la situación de Venezuela debe analizarse con detenimiento y cautela, porque si algo está claro es que todavía no sabemos hasta dónde llegarán las consecuencias y las secuelas de la acción militar ejecutada para secuestrar y detener al dictador Nicolás Maduro.

Está por verse si el gobierno de Estados Unidos tiene verdadero interés e intención de forzar el retorno a un régimen democrático bien fundado en ese país, que restablezca la Libertad y los derechos individuales a plenitud, para así acabar con la pesadilla totalitaria que han sufrido y que aún hoy continúan viviendo los venezolanos.

Por ahora estamos ante la incógnita de si les resultará más conveniente mantener en el poder un régimen totalitario, semidescabezado y al borde de la asfixia, para "negociar" (¿imponer?) el acceso a su petróleo a través de empresas que lo vendan en dólares estadounidenses, en vez de dejar que sea trocado, o transado en otras divisas que lo sacan de su esfera de control y que hoy están compitiendo por la hegemonía como medio de intercambio y reserva internacionales.

Si tomamos en cuenta el antecedente de las acciones militares estadounidenses en Kuwait, Libia, Irán, Nigeria e Irak, que juntos suman reservas de 600.000 millones de barriles de petróleo, esta nueva operación militar confirma qué tan lejos está dispuesta a llegar la mayor economía del Mundo, en su afán por controlar yacimientos de petróleo ajenos,  incluidos los 300.000 millones de barriles de crudo pesado con que cuenta Venezuela.

Si sumamos lo anterior a la reciente decisión de su presidente, de retirar a su país del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), principal autoridad mundial en ciencia climática, y de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tratado que sustenta todos los esfuerzos internacionales para combatir el calentamiento global, Estados Unidos nos está diciendo al resto del mundo que planea continuar quemando petróleo a toda máquina, durante muchas décadas mas, lo que llegará a destrozar nuestra atmósfera hasta el punto en que el daño se tornaría irreversible.

Si Estados Unidos se niega a asumir responsabilidad sobre la degradación del planeta en el que les tocará vivir a nuestras futuras generaciones, solo nos queda abogar por que otras grandes economías tengan la sabiduría y la valentía necesarias para liderar e imponer una transformación energética global.

Hoy como nunca antes, los gobernantes de esas naciones tienen en sus manos la supervivencia de nuestra especie. Los demás, los mas pequeños, tenemos el reto de unirnos para luchar por lograr que su reticencia a adquirir compromisos en pro de la conservación del ecosistema de nuestro planeta se pueda revertir en el corto plazo.