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Indecisos 2026

El mundo está convulso, como quizás muchos no lo habíamos visto en nuestro tiempo de vida. Por eso, y por todos nuestros temas internos, es que es imperativo tomar esta elección con la seriedad del caso. No debemos engañarnos y creer que no hemos de lidiar en vida con las decisiones que tomemos en este ciclo electoral que abarca 2026, 2030, 2034 y 2038.

Las cortinas de humo, puestas en escena de quinta categoría, que emanan del oficialismo para tratar de mantener en el centro de la discusión pública al presidente Chaves ante el pésimo desempeño de la candidata oficialista son tan evidentes, como inaceptables en el contexto actual y en cualquier otro. Son un fiel reflejo de las bajezas y de los pobres, por no decir inexistentes, estándares de este gobierno.

Este estilo de hacer política responde a una tendencia más amplia en la región. De manera llamativa, en nuestro país surgen dos caminos —¿realmente distintos?—: el PPSO (oficialismo) y AVANZA. Ambos aspiran a la Presidencia de la República y se presentan próximos al movimiento de Bukele en El Salvador. ¿Qué mejor forma de normalizar y legitimar un proyecto político cuestionable que arrastrar a uno de los pilares institucionales y políticos más sólidos de América Latina hacia esa misma lógica?

El oficialismo actual es un proyecto barato de mala calidad pero que pasa una factura enorme para cada ciudadano de este país. El cansancio, la desmotivación e indecisión de gran parte del electorado se comprende. El continuismo es dañino para Costa Rica. El continuismo es dañino para tu tranquilidad.

Costa Rica es mejor que eso.

Hay que tomar posiciones, no es momento de hacerse al lado y dejar que otros decidan por uno. Hay que pensar y luego votar. El abstenerse de votar es dejar que a uno le apliquen el típico “el que calla otorga”. No votar no deja las cosas como están: deja que otros decidan por vos, incluso cuando esas decisiones afectan directamente tu tranquilidad. A cualquier persona indecisa que lea esto, el mensaje es: tu voto sí importa.

La oferta electoral es variada, y desde mi óptica personal me parece buena porque entre cada una de las distintas propuestas se va complementando el rumbo del país. Decirlo en estos términos puede ser muy genérico, así que vamos hilando más fino. El país que veo a futuro, lo veo modelado desde la complementación de las propuestas del FA (Ariel Robles), PUSC (Juan Carlos Hidalgo), Unidos Podemos (Natalia Diaz), CAC (Claudia Dobles) y PLN (Alvaro Ramos). Aclaración, el orden en que están mencionados no implica nada. No entro en temas del espectro político, porque el punto a resaltar es que de todas se pueden sacar propuestas buenas y que se complementen con el paso del tiempo para que podamos dar de herencia una Costa Rica próspera en libertad, paz y democracia.

Cada voto cuenta, y como ciudadanos también podemos tomar partida e influir en los resultados al abrir espacios de conversación política. No se trata de conversar para decirle a alguien por quien votar, eso sería una falta de respeto e impropio de cualquier persona que aprecie la vida en democracia. Al llevar esta conversación, no se trata de ganarla. Se trata de compartir puntos de vista de construcción. ¿La candidatura que apoyo realmente quiere lo mejor para el país? Esa no es una pregunta fácil de contestar porque el bienestar del país no depende de una sola persona ni de un solo partido, sino de equilibrios y contrapesos democráticos. Nos toca confiar en nuestro instinto y luego filtrar eso en base a la información que obtengamos de nuestro entorno y los distintos puntos de vista de las personas con quien conversemos.

La conversación se vuelve más desafiante, pero a la vez interesante, cuando se tiene con una persona que está desmotivada y/o decepcionada y que piensa en no votar o en votar por inercia. Este es el escenario que el oficialismo quiere y propicia con su campaña. Gente cansada, harta y que no piense mucho para votar. El oficialismo está subestimando a la ciudadanía y apuesta al cansancio: a que algunos voten sin pensar y a que muchos otros no voten en absoluto, porque la abstención les facilita el camino.

Costa Rica no puede darse el lujo de la indiferencia ni del voto automático. Votar es asumir responsabilidad por el rumbo del país, es defender la libertad frente a los atajos autoritarios, es proteger la paz social frente a la confrontación permanente y es honrar la democracia que nos distingue en la región.