Tuve un entrenador durante casi cinco años que me repetía como un mantra: “Ariana, hasta el último segundo”, para que no cediera ante el dolor —o el miedo al dolor— del ejercicio. Años antes, siendo campeón colombiano de natación, había perdido la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos por haberse confiado, por no darlo todo hasta el último segundo. Eso lo marcó para el resto de su vida y nos lo transmitió a sus pupilos: trabajar hasta el último segundo.
Esa idea de no bajar el ritmo hasta que la tarea esté terminada es la que siento a una semana de las elecciones. Hasta el último segundo, me repito, y se lo repito a cualquiera que sienta que ya ganó o que ya perdió.
Y aquí viene una idea corolaria: amar la incertidumbre.
Porque somos democracia y somos demócratas existe la incertidumbre de no saber el resultado. Eso que parece incómodo es, en realidad, la esencia de la democracia. “Ama la incertidumbre y serás demócrata”, decía el politólogo Adam Przeworski. Y con razón. Solo los antidemócratas tienen la certeza de que ya ganaron. ¿Cómo, si ni siquiera hemos votado? ¿Si no se ha contado una sola papeleta? Así que nada: a amar y apreciar la incertidumbre. En democracia no se conoce el resultado hasta que todos hayamos votado y cada papeleta haya sido contada.
Hace poco, después de muchos años de trabajo intenso, presenté mi tesis de doctorado. Me aconsejaban preparar la presentación y quedarme quieta unos días antes. No pude. La noche anterior seguí cambiando, borrando y simplificando. El mismo día, camino a la presentación, en el tren urbano, seguía ajustando diapositivas. Nunca había presentado una tesis doctoral antes, y los nervios de la incertidumbre —no saber si saldría excelente, bien o más o menos— me carcomían. Aun así, me repetía el mantra: “Ariana, hasta el último segundo”.
Y así lo hice. Presenté mi trabajo segura de haber trabajado hasta el último segundo. El jurado me felicitó tanto por la investigación como por la presentación. Quise llorar de la emoción.
Y así será este primero de febrero. Trabajaré hasta el último segundo, aunque tenga miedo, aunque todo sea incierto. Porque soy demócrata. Porque creo que nada está ni ganado ni perdido hasta el último segundo. Y los invito a pensar igual y a trabajar hasta el último segundo.
