Es interesante escuchar a analistas, periodistas y en general a la gente en la calle, diciendo que la campaña no ha empezado, que el ambiente “está frío” y que eso afecta la toma de decisión. La realidad es que no hay campaña fría, hay una estrategia de fondo que nunca se apagó, la oposición llega tarde a una campaña que inició en 2022.
Hace cuatro años vi nacer al chavismo siendo directora de comunicación de otra fuerza política y, posteriormente, he seguido su estrategia desde el Congreso. Con el mayor de los criterios, les puedo decir que no se trata de que la campaña no haya iniciado; sencillamente, nunca terminó. Figuras como el presidente Chaves y doña Pilar Cisneros (desde la Asamblea Legislativa) fueron los principales abanderados de una fuerte estrategia que se sostuvo durante estos cuatro años de manera persistente. Cuando el chavismo gana en segunda ronda en 2022, empezó un trabajo que se ha mantenido desde el entretenimiento, un cuidadoso seguimiento territorial, una cadena sostenida de actores en redes sociales y el permanente esfuerzo por posicionar ideas en contra de sus adversarios, principalmente del PLN.
El fenómeno que estamos viviendo en Costa Rica es novedoso y, por eso, al llegar realmente el periodo electoral, la sensación es de desasosiego, de incertidumbre, porque las demás fuerzas políticas, además, no han sabido cómo entrar a la contienda con la verdadera fuerza necesaria para siquiera convertirse en una alternativa real ante semejante actor (el chavismo).
Este miércoles, el CIEP nos reveló una verdad apabullante: Laura Fernández parece tener todo para ganar en primera ronda y obtener mayoría en el Congreso. Y eso no lo ha logrado Laura —con todo el respeto a su desempeño—, eso lo ha consolidado la sombra que ellos mismos reconocen en su documental, la que ella tiene detrás: la del presidente Chaves. A esto le sumo que, una vez iniciado este proceso electoral, la oposición ha mantenido a Chaves en lo alto de la discusión con una inconsciencia notable. Todos los anuncios, los cortos y los discursos comienzan refiriéndose a qué quiere, qué pidió, qué dijo, qué hizo o qué no hizo el oficialismo, sin entender que se trata de un partido que gobierna con un respaldo ciudadano muy amplio.
¿Qué habría sido lo óptimo? Una alianza que, en lugar de distribuir a los votantes entre posibilidades infinitas, concentrara a la oposición en una o dos opciones frente a lo que parece representar una amenaza de autoritarismo con tintes dictatoriales; pero sabemos que eso ya no pasó.
Entonces bien, resulta determinante que, a pocos días de la elección y conociendo que el CIEP indica que el 69 % de la ciudadanía ve la última semana previa a la elección como determinante para definir su voto, las oposiciones viables (Claudia Dobles y Álvaro Ramos) deban pulir su participación en debates, disminuir el riesgo de temas que puedan ocasionar crisis y maximizar la presencia positiva en medios y redes sociales. Pero también hay algunas consideraciones que podrían ayudar a posicionar mejor el planteamiento democrático entre los grupos indecisos.
- Como ciudadanos, es indispensable observar los análisis de países donde el populismo autoritario gana reiteradamente poder mediante elecciones democráticas, un fenómeno presente en muchas áreas del espectro político y que posiciona una narrativa común: “las élites nos traicionaron y yo soy la voz que se está vengando”.
- Los partidos deben considerar que la evaluación del pasado no es racional; es emotiva. Por ello, “defender” la obra del pasado no es el camino, porque la gente solo recuerda que esos políticos de los últimos 30 años los traicionaron. La ciudadanía no está dispuesta, en este momento histórico, a hacer un análisis objetivo.
- Es indispensable limpiar, en las personas que no quieren votar por el oficialismo, la sensación de que al votar por la oposición están premiando a “los de antes”.
Particularmente, me resulta incomprensible que, siendo Álvaro Ramos la persona que entró al PLN a limpiar mucho de lo que la gente rechaza, hoy se le castigue como el candidato por el que menos personas estarían dispuestas a votar.
Claudia Dobles me resulta una mujer extremadamente valiosa, preparada, con fuerza y proyección propia. No admito cómo, una y otra vez, se le pretende resaltar únicamente como la exprimera dama, teniendo infinitos títulos propios y una propuesta política individual que es capaz de sostener.
Cierro diciendo que el voto hoy se mueve más por enojo que por evaluación racional: la disputa no es sobre propuestas o balances de gestión, sino sobre relatos emocionales que canalizan frustración y castigo.
El populismo autoritario gana porque ofrece una historia simple: “las élites traicionaron y alguien viene a vengar al pueblo”. Negar esa lógica impide enfrentarla. Hay que ofrecer empatía a esos grupos enojados y enardecidos; están decepcionados con toda razón y debemos empezar juntos, con nuestra esencia tica, en paz, a construir un futuro mejor para las nuevas generaciones.
