Imagen principal del artículo: Eres el protagonista principal, no un espectador impotente

Eres el protagonista principal, no un espectador impotente

Recién iniciando el año, y justo también al inicio del segundo cuarto del siglo XXI; nos preguntamos sobre el rol de nuestra existencia, o, mejor aún, nos cuestionamos sí, ¿vivimos realmente o solamente existimos?

Si existiríamos solamente, nos reduciríamos a simples criaturas autómatas, zombis que simplemente están acá, sin ningún propósito, voluntad o capacidad de acción propia y por supuesto, sin ningún pensamiento.

Forman parte de quienes solamente existen, quienes vieron sus sueños caer abatidos por el entorno y decidieron volverse espectadores, pues como decía, el filósofo francés Jean Paul Sartre:

Como todos los soñadores confundí el desencanto con la verdad”.

Otro tipo de individuos que se circunscriben a existir, está constituido por los cínicos, quienes actúan con falsedad o desvergüenza descarada pues, al ver frustrados sus sueños, deciden no solo claudicar a estos, sino, además, seguir actuando como quienes provocaron que sus sueños no se realizaran.

Teniendo claro con los argumentos supra citados y en función de la construcción argumental de quien escribe; así se define la existencia.

Es imperante dibujar el significado de vivir, de cara a dotar de contenido el postulado esgrimido que intitula este artículo, a saber: Eres el protagonista principal, no un espectador impotente.

Vivir es mucho más que simplemente existir, no limitándose a esto, sino, expresando las facultades consustanciales del homínido o cultivadas por este; tales como, el pensamiento crítico, la innovación disruptiva, el arte y el amor.

Tomás Moro acuñó en su libro, escrito en el primer cuarto del siglo XVI, el término utopía; convirtiéndole en una de las mejores maneras para describir algo que no pertenece a la realidad imperante, pero que se desea y que debe ser un ideal a alcanzar. Sobre esta utopía, Eduardo Galeano, dijo que:

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos… ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Quino, por su parte, por medio de su icónica hija de caricatura, Mafalda, nos recordaba que: “un día me voy a vivir a Teoría, porque en teoría, todo está bien”. En clara alusión a la diferencia entre lo que sucede y lo que debería suceder. O como señalaron filósofos como Hume o Kant, en la dicotomía entre el ser y el deber ser.

Así que, vivir; implica no interpretar la realidad actual como una verdad absoluta e inmutable, en medio de la cuál, el individuo es un simple espectador sin esperanza e impotente. Sino más bien; contemplar este entorno, como fruto de acciones previas de él mismo y de otro grupo de individuos. Con lo cual, lejos de desconocer este entorno; no le asume como inmutable, sino por el contrario, se le considera como punto de partida, a partir del cual; con perseverancia y brega tenaz (lucha), se vive en pos de conseguir la utopía, dándole sentido a la vida. Superando el entorno y por medio de esto, avanzando en la construcción de una nueva realidad.

En relación a esta capacidad de elegir, como signo inequívoco del vivir y, por tanto, del ser protagonista principal, de nuestro destino, asumimos nuestro protagonismo al tomar decisiones. A propósito de lo que, resulta ineludible para Costa Rica el destacar que, precisamente el domingo 1 de febrero, tenemos el deber de elegir, ejerciendo nuestro derecho a votar.

Como dijo Bertolt Brecht:

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

No te conformes por tanto con existir, ¡Vive!

Que nada ni nadie robe tus sueños y tus esperanzas y más aún, nuestra democracia. Eres el protagonista de tú vida y de tu patria; Costa Rica. ¡Votá!