La relación entre deporte y desarrollo social suele discutirse en términos abstractos, pero en Limón hoy se manifiesta de forma concreta, visible y profundamente estructural. Las obras ejecutadas de cara a los Juegos Deportivos Nacionales, junto con la inversión histórica en infraestructura educativa, revelan un modelo de intervención pública que trasciende el ámbito deportivo y se integra con objetivos de equidad, acceso y revitalización comunitaria.

Por un lado, la provincia experimenta una transformación sin precedentes en infraestructura deportiva. Las inversiones cercanas a ₡4.000 millones, provenientes del Instituto de Desarrollo Rural (Inder), han permitido acelerar mejoras sustanciales en recintos claves como el Gimnasio Eddy Bermúdez, el Estadio Big Boy, las canchas de tenis en Pococí y la pista atlética de Siquirres, esta última con un avance superior al 90% 1. A esto se suman otros proyectos vinculados a la preparación para los Juegos Nacionales 2025 y 2026, que en conjunto superan ₡5.267 millones, incluidos desarrollos en Batán y otros cantones limonenses.

Estas obras deportivas no son meras mejoras de infraestructura: funcionan como catalizadores de cohesión social, recreación segura, fortalecimiento del tejido comunitario y oportunidades de bienestar. Las instalaciones modernas se convierten en espacios donde convergen niñez, juventud, familias, entrenadores y comunidades enteras, generando identidad, seguridad y esperanza.

A la par, la provincia recibe un impulso sin precedentes en materia educativa. Si bien no existen registros que confirmen específicamente la remodelación de 19 centros para albergar las justas, sí está documentado que el MEP y JAPDEVA firmaron convenios por más de ₡8.600 millones para reconstrucción, ampliación y modernización de escuelas y colegios en Limón, beneficiando a más de 20.000 estudiantes. Las obras incluyen comedores, laboratorios, baterías sanitarias, talleres técnicos y espacios administrativos dignos y seguros.

En este contexto, deseo expresar —como directiva deportiva que he sido en Moravia y como criminóloga— que es contundente afirmar que el deporte es el factor preventivo por excelencia, seguido por la educación. Ambas áreas, cuando se fortalecen simultáneamente, construyen entornos protectores, disminuyen factores de riesgo social y abren rutas reales de movilidad y desarrollo. Este binomio deporte–educación no solo forma atletas o estudiantes: forma ciudadanos resilientes, disciplinados y preparados para enfrentar desafíos.

El caso de Limón demuestra que cuando existen instituciones comprometidas, articulación intersectorial y visión de futuro, el impacto es profundo y sostenible. Y así como Limón está dando un salto histórico, otros cantones del país pueden replicar este modelo siempre y cuando cuenten con directivas verdaderamente comprometidas con la juventud y el deporte, no personas que solo buscan “llenar un puesto”, sino líderes que comprenden el valor social del deporte, su poder preventivo y su rol en la construcción de comunidades seguras.

Limón nos muestra que el deporte deja de ser espectáculo para convertirse en legado. Y ese legado nutrido por educación, infraestructura y compromiso social es donde está la verdadera victoria para Costa Rica.

Provecho atletas, provecho Limón y que se haga un buen uso y mantenimiento de toda esa nueva infraestructura.

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