Existe un claro paralelismo entre lo que sucedió en Venezuela cuando Hugo Chávez asumió el poder a finales de los años 90’s y lo que está sucediendo hoy en día en Costa Rica con Rodrigo Chaves. En esos años, Venezuela y Costa Rica eran consideradas dos de las más sólidas y reconocidas democracias en América Latina. En las décadas siguientes, Venezuela transitaría por oscuros caminos, muy alejados de modelos y visiones democráticas.
El ascenso político de Hugo Chávez en Venezuela se originó en el profundo descontento popular por la corrupción y desigualdad social en ese país, agravado por crisis económicas que generaron un rechazo a los partidos tradicionales y crearon un espacio para un líder carismático que prometiera una refundación nacional a través de su proyecto revolucionario bolivariano, capitalizando su imagen de hombre fuerte y populista.
Una vez en el poder, Hugo Chávez inició un fuerte ataque al sistema político y a las instituciones del Estado, al Poder Judicial y a la prensa que lo adversaba. Terminó disolviendo el Congreso y el Poder Judicial y estableciendo una autocracia y una dictadura. Además, promovió y logró reformas constitucionales para perpetuarse en el poder.
Es cierto que Maduro consolidó la dictadura, pero fue Chávez quien preparó el camino para la misma. La Venezuela de Chávez es un trágico ejemplo de cómo la democracia puede ser derribada desde adentro, por líderes electos popularmente. Es una lección aplicable a todos los demás países, en cuenta Costa Rica.
Hugo Chávez vino con un proyecto decidido a destruir la democracia y perpetuarse en el poder, destruir la independencia y funcionalidad de los medios de comunicación, de las organizaciones civiles y de los partidos políticos. Así surgió esa pesadilla de más de 25 años que mantiene a Venezuela prisionera de una dictadura que ha pisoteado los derechos humanos y mantenido a la mayoría de la población viviendo en la pobreza y la injusticia.
¿Les parece conocida esa historia? Pues algo similar podría ocurrir en Costa Rica, porque esa línea es la que está promoviendo Rodrigo Chaves, aprovechándose precisamente del descontento popular con partidos como el PLN, PUSC y PAC y la corrupción ocurrida en esos gobiernos. Los paralelismos son claros: descontento y cansancio del pueblo, críticas, irrespeto y descalificación severas al Poder Legislativo, Judicial y al Tribunal Supremo de Elecciones por parte de Rodrigo Chaves y su grupo, menosprecio al estado social de derecho, pretender mayoría legislativa calificada y sugerir reformas a la constitución política para permitir la re-elección continua del presidente, ataques constantes a la prensa que adversa al Gobierno e irrespeto a la división de poderes.
Con control absoluto de la Asamblea Legislativa (40 diputados), como lo pretenden, el chavismo podría nombrar a su antojo a cúpula de la Corte Suprema de Justicia —y esta a los magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Resultado: en un mandato podrían tener control completo de los tres poderes de la República: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como del TSE y de la Contraloría General de la República. ¿Cómo se llama eso? Se llama autocracia, el poder de un solo partido, de un grupo, de una élite privilegiada, que perpetuado en el tiempo constituye una dictadura. Todas las señales están ahí, Rodrigo Chaves sigue al pie de la letra el manual del dictador, no podemos ser tan ciegos o ingenuos como pueblo para no verlo.
¿Queremos vivir lo mismo que ha vivido Venezuela durante décadas? ¿Podremos aprender de su amarga experiencia? Esperemos que sí. De lo contrario, lo que nos espera es la destrucción de nuestra querida Costa Rica, como país libre y democrático. Por eso, pensemos bien el voto en la próxima elección. Votar por la continuidad de este gobierno es en primera instancia mantener en el poder a un grupo que luego de cuatro años, es muy poco lo que ha hecho por Costa Rica. Un gobierno corrupto e ineficiente, que lo único que ha sabido hacer muy bien es gritar, ofender, repartir culpas y pelearse con todo mundo, como si eso cambiara o mejorara las cosas. Bien puede decirse que este gobierno no solo es más de lo mismo, sino que es peor que lo mismo.
Aparte de ello, y tal vez lo más serio, es que votar por la continuidad del chavismo sería propiciar el surgimiento de un régimen totalitario en nuestro país, sería sumir a Costa Rica en uno de los peores oscurantismos autoritarios que puedan imaginarse. Si usted no quiere ver a Costa Rica convertida en otra Venezuela, no apoye la continuidad chavista en nuestro país.
Pensemos en nuestra querida Patria, en las futuras generaciones, en todo lo que hemos logrado hasta ahora como país y en el grave riesgo que corremos. Por favor, medite muy bien su voto, hay demasiado en juego en esta elección.
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