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¿Democracia sin debate?

Estamos en la recta final de la campaña política más importante de las últimas décadas y la candidata del partido que representa a la actual administración, según datos al día 9 de enero, ha decidido asistir a únicamente tres debates antes de la primera ronda. Es importante resaltar que esta “estrategia” no es nueva ni exclusiva de la candidata del oficialismo. Sin embargo, cabe preguntarse si la falta de debate es una característica deseable en una democracia tan sólida como la nuestra.

Es verdad, cada campaña tiene su estrategia y es válido no asistir a debates si así se desea. No obstante, es bastante curioso que la candidata oficialista Laura Fernández se rehúse a ir a debatir puesto que varias figuras de su partido, incluido el presidente de la república, se han quejado de que ‘cayó la mordaza del TSE’ o que existe “desinformación” por parte de medios que supuestamente tienen una agenda contraria a la del gobierno. Si este fuera el caso, ¿no serían los debates, óptimos espacios para conectar con el electorado y aclarar estas cuestiones? Del mismo modo, el actual gobierno constantemente se vanagloria de los logros alcanzados en diversas materias. Si realmente ha habido avances sustanciales en distintos ámbitos, ¿por qué la señora Fernández no aprovecha los espacios para demostrarle al electorado por qué debería votar por ella y apostar por el continuismo? Además, en un contexto en el que se le señala al actual gobierno de tener tintes autoritarios y poca capacidad de diálogo, el hecho de que su candidata no asista a los debates difícilmente contribuye a debilitar dicha tesis.

La estrategia electoral que ha decidido seguir el partido político que representa al actual gobierno se da, fruto de los resultados que las diferentes casas encuestadoras han dado a conocer en los últimos días. Algunas encuestas ponen a Laura Fernández como primer lugar indiscutible y otras le dan porcentajes que la llevarían a ganar en primera ronda. Además, la imagen y popularidad de Laura Fernández dependen ampliamente de otras figuras como Pilar Cisneros y el presidente Rodrigo Chaves. Estos políticos al igual que Fernández, se desmarcan de la “política tradicional” y de “los mismos de siempre”. Sin embargo, es curioso pensar que la última vez que un candidato oficialista tuvo una estrategia similar a la de Laura Fernández fue Johnny Araya en 2014. Similarmente, José María Figueres en 2022, al estar de primero en las encuestas, evadió asistir a varios debates. Por lo tanto cabe preguntarse, ¿no es este acaso un comportamiento típico de los “políticos tradicionales” además de poco democrático?

A la sociedad costarricense le urge resolver grandes retos, incluyendo la amenaza existencial que significa la penetración del narcotráfico internacional en nuestro país. Para escoger quienes van a estar al frente para resolver estos retos que nos apremian es necesario que haya debate y cuestionamiento de las diversas propuestas tal como se ha hecho en cada uno de los ejercicios democráticos desde la creación de la Segunda República. Es preocupante ver como la figura política que representa a la actual administración y que según las encuestas tiene la mayor probabilidad de ser nuestra próxima presidenta sigue una estrategia que podría interpretarse como un intento de evitar exponerse ante el electorado y otros candidatos. Si la Señora Fernández va a usar la misma estrategia de ‘no exponerse’ que ya utilizaron los ‘políticos tradicionales’ es válido decir que el actual gobierno se comporta como lo que dice combatir.

Me atrevo a decir que el electorado costarricense tiene la madurez democrática para no tolerar este tipo de estrategias. Al final de cuentas, ni Johnny Araya ni José María Figueres fueron electos después de seguir esta estrategia electoral de no ir a debatir. Como ciudadanos, debemos instar a las figuras políticas a ser lo más transparentes y abiertas posible con sus propuestas. Por lo tanto, por la democracia y su sano ejercicio, exhorto respetuosamente a doña Laura Fernández a participar en los debates, como corresponde en una democracia: con respeto y con ideas.