Costa Rica no está al borde del abismo por casualidad. Tampoco por mala suerte. Está ahí porque durante años se acumuló una combinación peligrosa: promesas vacías, política convertida en espectáculo, partidos desconectados de la vida real y una ciudadanía cansada que terminó confundiendo enojo con solución. En ese terreno fértil crece el populismo, y hoy, con más descaro que nunca, una ultraderecha mentirosa que se presenta como “antisistema” mientras sirve obedientemente a los mismos intereses de siempre.
Cuando la política deja de educar y empieza solo a administrar, el vacío lo llenan los gritos. Cuando la izquierda, el progresismo y la llamada democracia, evaden sus propios errores, se llama corrupción tolerada, desconexión social, captura del Estado, renuncia a la ética y le entregan el país en bandeja a quienes saben manipular mejor el miedo y la ignorancia. No es casual que hoy haya sectores dispuestos a creer cualquier consigna, cualquier enemigo inventado, cualquier promesa imposible, con tal de canalizar su frustración.
El populismo no llega con tanques: llega con frases simples para problemas complejos. No propone ciudadanía, propone obediencia emocional. No fortalece la democracia: la desgasta. Y lo más grave es que se alimenta del enojo legítimo de la gente para construir un proyecto profundamente antidemocrático. Costa Rica no es inmune a eso. Ningún país lo es.
El error más peligroso es creer que “peor no podemos estar” o que “cualquiera distinto sirve”. Esa lógica ya ha destruido sociedades enteras. La ultraderecha no viene a limpiar la política: viene a capturar el Estado, a debilitar controles, a entregar lo público a intereses privados y a desmantelar derechos mientras entretiene con discursos patrioteros y enemigos imaginarios. Cambia el tono, no el resultado.
Seguir votando por lo de siempre, o por lo más ruidoso, no es rebeldía: es resignación disfrazada de rabia. Costa Rica necesita algo distinto, pero distinto de verdad. Necesita liderazgo con preparación, con ética, con independencia real de los partidos que ya fracasaron y de los grupos de poder que los financian.
Por eso incomoda, y al mismo tiempo devuelve esperanza, la aparición de un candidato que no proviene de la política tradicional, que no vive de consignas ni del espectáculo, y que además enfrenta una discapacidad como la sordera. Incomoda porque deja sin coartadas a quienes confunden liderazgo con gritos. Esperanza, porque demuestra que la verdadera capacidad de escuchar no depende del oído, sino de la inteligencia, la sensibilidad y el compromiso con el bien común.
La sordera no es una debilidad política. La verdadera sordera es la de quienes no escuchan el clamor real de su gente, la de quienes solo oyen a los grupos de interés, la de quienes gobiernan para unos pocos mientras prometen para todos. Una persona con discapacidad, con conocimiento, criterio y ética, puede entender mucho mejor lo que significa inclusión, justicia y responsabilidad que muchos “políticos profesionales” que solo saben repetir consignas.
Este no es un llamado a votar por compasión. Es exactamente lo contrario. Es un llamado a votar con conciencia. A dejar de premiar la mentira solo porque viene envuelta en enojo. A entender que la esperanza no se grita: se construye con seriedad, preparación y decencia.
Costa Rica todavía está a tiempo. Pero no habrá segundas oportunidades si se elige el camino fácil del populismo o la ultraderecha engañosa. La democracia no muere de golpe; se apaga cuando la ciudadanía deja de pensar y empieza a creer sin cuestionar.
Hoy votar no es un gesto automático. Es un acto de responsabilidad histórica. No se trata de derecha o izquierda, sino de verdad o engaño, de proyecto o improvisación, de futuro o retroceso.
Quien no quiera verlo hoy, mañana no podrá decir que no fue advertido.
Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.



