En la próxima elección, los costarricenses tomaremos la decisión más importante de la historia reciente del país. No es una decisión cualquiera; es una decisión que marcará el rumbo que nos orientará en las décadas siguientes y —más relevante aún— el camino que tomaremos para llegar a él. La decisión ha de tomarse en un ambiente de crispación, polarización, recriminaciones, amenazas y retórica populista que muchas veces dificulta una toma de decisiones reposada y bien pensada. Como liberacionista de muchos años, en esta ocasión he tomado la decisión de apoyar a Juan Carlos Hidalgo, pensando más en sus cualidades personales y propuestas que en los partidos políticos en los que hemos transitado en el pasado. Las razones son múltiples, pero quiero señalar algunas de ellas:
- Juan Carlos es un firme creyente y defensor de los principios democráticos que sustentan nuestro régimen político y que tanto ha costado consolidar a lo largo de nuestra historia: cree en la separación de poderes, el Estado de Derecho, el papel indispensable de la Asamblea Legislativa y de los partidos de oposición, y una prensa independiente; en fin, en los controles y pesos y contrapesos propios de un sistema diseñado para resguardar los derechos y libertades de los ciudadanos frente a quienes detentan el poder y sus abusos. En las circunstancias que vivimos, esto es esencial.
- También es un convencido de que el país y sus instituciones requieren cambios profundos en su organización y funcionamiento: en un Poder Judicial que no está pudiendo cumplir con el mandato constitucional de impartir justicia pronta y cumplida; en una Contraloría General que no debe co-administrar y a la cual se le han asignado más tareas de las que le corresponde; un Ministerio de Obras Públicas y Transporte inoperante y que le ha quedado debiendo mucho a la ciudadanía en infraestructura y movilidad; un sector energético que debe abrirse a la competencia; una CCSS que requiere cirugía mayor para brindar servicios de calidad y garantizar un régimen de pensiones sostenible; en el sector educativo para superar el rezago que vivimos en un mundo muy competitivo; entre muchas otras reformas en otros campos.
- Pero, igualmente importante, Juan Carlos cree que todas esas reformas deben hacerse a través del diálogo, la negociación, la concertación y el respeto mutuo entre opiniones y fuerzas políticas diferentes, que son la esencia de la convivencia democrática.
- Juan Carlos cree en la necesidad y conveniencia de seguir integrándonos económicamente con el mundo. Reconoce la importancia que ha tenido y seguirá teniendo nuestra relación con los EE.UU y los efectos positivos que ha tenido el TLC en el país, acuerdo por el que tanto se trabajó en la última administración de don Oscar Arias. Asimismo, cree que en la compleja coyuntura internacional actual es necesario acercarse todavía más a la Unión Europea —incluyendo su apoyo en materia de seguridad y narcotráfico—, y a los países de Asia, para diversificar los riesgos de nuestra tarea exportadora.
- Cree también en el indispensable papel de la inversión extranjera directa para nuestro desarrollo económico. Así como en el gobierno de don José María Figueres se dio un golpe de timón en nuestra política de atracción de inversiones con la venida de Intel a Costa Rica, y como el país ha logrado desarrollar en los últimos treinta años el exitoso clúster de dispositivos médicos, Juan Carlos cree en continuar impulsando ese modelo a través de un régimen de zonas francas que se adapte a los cambiantes flujos de inversión extranjera a nivel mundial.
- Juan Carlos se ha comprometido a universalizar el programa de redes de cuido, iniciativa estrella impulsada en el gobierno de doña Laura Chinchilla, ampliando la cobertura en la atención de niños y adultos mayores, y permitiendo que, de ese modo, muchas mujeres más puedan incorporarse a la fuerza de trabajo y mejorar su calidad de vida y la de sus familias.
- Juan Carlos cree en la disciplina fiscal, en el papel primordial del sector privado en el desarrollo del país, en la necesidad de reducir las cargas sociales para incentivar el trabajo formal y de ese modo asegurar el acceso de sectores hasta ahora excluidos de los beneficios de la seguridad social, en emparejarle la cancha a los emprendedores, y declarar una moratoria en la asfixiante proliferación regulatoria.
- Sus propuestas en estos y otros campos son producto de años de reflexión y análisis, que reflejan la seriedad con los que su gobierno pretende atender los problemas más agobiantes. Esas propuestas se han presentado de forma transparente, con rigor profesional y con el respaldo de equipos técnicos que por meses colaboraron en la elaboración de su programa de gobierno. El respaldo de personas de reconocido prestigio como Abril Gordienko, Yolanda Fernández, Víctor Umaña, Rodrigo Cubero, Marielos Alfaro y Alejandro Patiño son señales del nivel de la gente que Juan Carlos quiere a su alrededor.
- En todas sus actuaciones, Juan Carlos ha sido transparente y honesto intelectualmente. Expresa y defiende sus ideas y propuestas con vehemencia porque no son una pose de campaña ni porque pretenda satisfacer las ansias populistas que algunos reclaman, sino porque cree en ellas y no tiene temor de defenderlas.
En resumen, en mi opinión, Juan Carlos es una cara fresca y sin duda el mejor candidato y con las mejores propuestas en esta contienda electoral. Además, abierto a recibir a personas de otros partidos que quieran acercase a ayudarlo en su proyecto político, como lo ha demostrado con la designación de Steven Barrantes -joven líder de la zona sur- como su segundo vicepresidente.
No siempre estaremos de acuerdo en todo, pero, en lo fundamental, es un candidato cuya serenidad, seriedad, y compromiso me da la seguridad que necesito para ir a votar con la convicción de que es lo mejor para el país.
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