El gobierno de José Figueres Ferrer decretó el estado de sitio y la suspensión de garantías constitucionales (sociales e individuales) por un periodo breve, coincidiendo con el conflicto armado que se extendió desde el 11 de enero hasta el 21 de febrero de 1955.
Este intento armado de derrocar a Figueres en 1955 es el único momento en la historia de Costa Rica, después de que se formó la Segunda República, en la que se suspendieron las garantías constitucionales. La rebelión buscó la ayuda de dictadores: Trujillo de República Dominicana, Somoza de Nicaragua y Pérez de Venezuela, atacando por Nicaragua.
Ante esta invasión, la reacción de muchos costarricenses fue ponerse a disposición del gobierno, formando así un ejército de diez mil voluntarios. Un ejército, formado y reorganizado de participantes del 48 y voluntarios los derrotó, con cooperación de la OEA.
El conflicto militar y la suspensión de garantías duraron aproximadamente un mes y diez días, finalizando cuando los invasores fueron repelidos y la calma restaurada, a finales de febrero de 1955.
Pongo en contexto este momento pues desde hace 71 años, a ningún presidente ni candidato presidencial de Costa Rica se le había ocurrido pensar en ejercer, después de esta única vez en nuestra historia ningún artículo del Título 20 de nuestra Constitución.
Después del 48, donde rodó sangre, muchos fueron torturados, perseguidos, encarcelados, y hubo pérdidas humanas de ambos lado. Todavía escuchamos de nuestros familiares las tristes historias que ambos lados vieron. Se enfrentaron compatriotas, hombres y mujeres, bisabuelos, abuelos y tal vez algunos de nuestros progenitores. Es historia, claro, y muy simplificada, pero en medio de este nefasto panorama, al terminar la revolución, los contrincantes tuvieron que negociar: se protegieron las garantías sociales y se abolió el ejército. Aun así, se dio esta guerra en 1955. Estos son hechos del pasado que no se pueden esconder en un baúl pues no queremos que la “ley de la fuerza y de autoridades unilaterales” nos gobiernen.
Sumado a lo anterior, en Costa Rica, las mujeres votamos por primera vez en el plebiscito de 1950. Imagínense: ¡ya no usábamos enaguas largas! Este derecho es relativamente reciente.
Los anteriores son solo dos ejemplos de hechos dramáticos que cambiaron la forma de gobernar en nuestro país. Se estableció nuestra democracia.
La democracia es como la tierra, hay que cuidarla, trabajarla con respeto y amor; abriendo el surco para plantarla con cuidado, y estrategia para preservar su estructura y composición y nutriendo el humus. La democracia también tiene nutrientes que la robustecen, siendo nuestras voces y actos uno de los principales pilares muy poderosos. Exigiendo a las personas que elegimos, que nos representen, que dialoguen entre ellos por el bien común de nuestro país, respetando su constitución, es lo que sostiene las democracias.
Estas elecciones han despertado nuestro espíritu defensor de valores intrínsecos. Circula, con fuerza en nuestro interior; nos agita, emociona, nos tonifica.
Nuestra arma es el voto. Es la única que tenemos cada uno de nosotros mayor de 18 años. El país nos necesita urgentemente. Votemos el domingo. Mantengamos nuestra democracia.
