Imagen principal del artículo: Altura de miras

Altura de miras

Escribo estas líneas desde España, pensando constantemente en Costa Rica y en el proceso político que vivimos. Este domingo viajaré 300 kilómetros para votar con mi familia en la Embajada de Costa Rica en Madrid. Este domingo seremos más de sesenta mil costarricenses quienes tenemos la posibilidad de votar en el extranjero.

- I -

Pertenezco a la generación nacida en los años ochenta del siglo pasado. A pesar de que el país no era rico, muchos de nosotros pudimos acceder a unos cuidados y a una educación que prometían darnos un futuro de bienestar. Recuerdo que en mi niñez nos enorgullecíamos de nuestras estadísticas de salud, alfabetización, igualdad y educación, que hacían que Costa Rica sobresaliera entre la mayoría de países de Latinoamérica. Nos enorgullecían la CCSS, nuestros investigadores, nuestros artistas, Franklin Chang, nuestras universidades y nuestras perspectivas de bienestar y desarrollo. Mientras la mayoría de países de Centroamérica sufrían las guerras, la desnutrición y el analfabetismo, éramos un oasis democrático y sin ejército.

Conforme iba convirtiéndome en un adulto, me fui enterando de que ese bienestar relativo en el que crecimos como generación se estaba deteriorando rápidamente. La violencia, la desigualdad, la corrupción y la injusticia estaban avanzando cada día. Nuestro sistema de salud, nuestros derechos sociales, nuestra educación están en crisis. Incluso los que tuvimos la oportunidad de estudiar en la universidad pública empezamos a tener dificultades para encontrar trabajo, empezamos a contratar servicios de salud privados, a vivir en condominios con seguridad 24 horas, a pagar guarderías y escuelas privadas, a viajar en Uber y no en bus… El estado de bienestar dejó de responder a nuestras necesidades, no porque lo público fuera malo, sino porque descuidamos nuestros bienes comunes, por mala gestión de algunos políticos, y por la resistencia al cambio en nuestras instituciones.

Durante la fundación de la Segunda República, nuestros líderes fueron capaces de ponerse de acuerdo en las grandes líneas, supieron moderarse en sus ideologías y tendencias políticas, y pudieron refundar un estado con un sistema democrático, con garantías sociales, con educación pública, con sufragio femenino y con muchos rasgos que lo convertirían en un país avanzado en derechos y garantías para sus ciudadanas y ciudadanos. No hay que olvidar que en ese momento el mundo estaba sufriendo las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, que Europa estaba destruida, y que parte de ese continente y de Latinoamérica estaban regidos por dictaduras. El desarrollo posterior de este modelo de país nos permitió desarrollarnos en un contexto difícil, e incluso permitió influir positivamente en los conflictos centroamericanos y ser solidarios con las personas perseguidas en sus países de origen.

- II -

No obstante, y aunque este episodio nacional determinó el bienestar que vivimos durante casi medio siglo, no podemos vivir de las glorias del pasado. Nos enfrentamos a problemas complejos, aquello que nos caracterizaba como país está desdibujándose, e incluso hay quienes defienden que deberíamos tener una dictadura para “poner orden”.

Costa Rica se encuentra en una encrucijada, tenemos que decidir el estilo de gobierno que queremos: concentración de poder o consenso. Nos enfrentamos a un contexto complicado para los sistemas democráticos, pues han proliferado nuevos autoritarismos en la región, entre ellos nuestros vecinos Nicaragua y El Salvador. El autoritarismo se ha extendido a la primera potencia mundial, a Sudamérica e incluso tiene adeptos en las democracias europeas. El contexto geopolítico es desafiante: han emergido nuevos colonialismos, amenazas de guerras mundiales, crisis climáticas, enfermedades, migraciones masivas, tecnofeudalismo, negacionismos y extremismos religiosos.

La decisión que tomemos este domingo va a determinar nuestra capacidad para adaptarnos y para crecer como país. Estas capacidades pasan, a mi modo de ver, por nuestra disposición como sociedad y por la voluntad de construir de la clase política, en donde podamos llegar a grandes consensos y seamos capaces de emprender reformas que honren nuestro pasado democrático, que respondan a nuestra situación actual y que tracen un camino hacia nuestras aspiraciones para el mundo.

Creo firmemente que estas acciones no las puede tomar un único sector de la sociedad: deben prevalecer el diálogo y el consenso por encima del orgullo y del poder elitista. Las decisiones de este calado no deben pasar por encima de los débiles, ni por encima de las minorías políticas y sociales: deben beneficiar a la mayoría, sin pisotear los derechos de ninguna persona. Es necesario, también, preservar los pesos y contrapesos de nuestro sistema político.

- III -

No podemos perder de vista que somos un país pequeño en un mundo enorme y diverso. Pero aún así somos capaces (lo hemos sido antes) de prosperar y de liderar en un mundo convulso.

Nuestro valor como país está en nuestra gente, nuestra diversidad cultural, en nuestra historia, en nuestra cultura democrática, en nuestra estabilidad política, en el respeto a las leyes, en la naturaleza que nos rodea, en la creatividad y en la capacidad de nuestros habitantes para construir en conjunto.

Preservar estos valores requieren que nuestros gobiernos garanticen un sistema de salud integral para todos los habitantes, un sistema de educación pública de la más alta calidad que potencie el desarrollo de cada persona, preservar y desarrollar los derechos y garantías sociales, proteger los derechos culturales, garantizar la sostenibilidad ambiental, garantizar nuestra soberanía alimentaria, proteger la existencia del sector agropecuario, erradicar la pobreza y combatir la violencia.

Desde el otro lado del Océano Atlántico pido que como costarricenses seamos capaces de estar a la altura de los retos a los que nos enfrentamos y debemos pedir lo mismo a los políticos que nos representarán. Pero debemos elevar la apuesta y exigirles también responsabilidad y altura de miras: no basta con cumplir los procedimientos o apegarse a la ley, necesitamos verdadera voluntad de diálogo, respeto activo y tolerancia al pluralismo político, y compromiso de cuidado a las personas y a nuestros bienes comunes.

Tenemos un país hermoso y debemos cuidarlo también a través del voto.