En estos últimos años, he reflexionado mucho sobre lo que significa ser un tico. Desde niño, Costa Rica me brindó un puente y una serie de oportunidades que permitieron mi crecimiento profesional, ético, de valores y de responsabilidad ciudadana. Mi familia, como un ejemplo indispensable, y con la ayuda de la educación pública del país, me permitieron comprender y valorar lo que significa vivir en un lugar con una de las democracias más consolidadas y respetadas a nivel mundial. Además, con esfuerzo, dedicación y amor, se pueden lograr cosas que nunca antes pensé alcanzar.

En mis 39 años de vida, siempre me he sentido orgulloso de poder decir que soy costarricense, y no lo niego; aún lo siento, pero con un trago amargo en estos últimos tres años.

Recuerdo que, cuando era niño, tenía que compartir la camisa de educación física con mis hermanas (por cierto, de color amarillo) de la Escuela Ascensión Esquivel Ibarra en Alajuela, ya que mis padres no tenían los recursos económicos suficientes para comprarnos una camisa para cada uno de nosotros. Aún así, éramos felices, libres; podíamos jugar en el campo, en los cafetales, subirnos a los árboles y comer cientos de frutas cada vez que la tripa sonaba... Pero siempre con la voz de mis padres en nuestras mentes, recordándonos: "estudien y siempre sean los mejores en lo que elijan ser de adultos".

Observando detenidamente el gran esfuerzo de mis papás, trabajando arduamente para tendernos un puente hacia una mejor calidad de vida,  nos mantenían inmersos en la educación pública del país. Sin dejar de lado que ese puente no consistía únicamente en brindarnos dinero y mejores condiciones de vida, sino en generarnos las herramientas necesarias para "pegar" el tan esperado salto hacia el otro lado. Al final, todo nuestro núcleo familiar se "ponía la camisa de educación física" para que el trabajo no se volviera tan pesado y apoyarnos mutuamente, como siempre ha caracterizado la esencia de nuestra sociedad, independientemente del estatus social al cual se pertenezca.

La educación pública en Costa Rica nos permitió que tanto a mis hermanas como a mi persona,  lográramos una formación profesional que gracias a ella hoy en día hemos evolucionado como seres humanos y como personas económicamente activas, atravesando la cuerda floja hacia una mejor posición económica y educativa que nos ha permitido ser personas pensantes, con un criterio analítico, respetuoso y libremente expresable en nuestro entorno social, familiar y nacional. Además, hemos podido retornar al Estado lo que una vez nos brindó, para que otras personas tengan acceso a las oportunidades y que la historia se repita en muchas familias más.

Diariamente, me topo con muchísimas personas que están en la misma situación que ese niño producto de la educación pública, quien acogió todas las oportunidades que sus padres le brindaron y su amado país, pero en una condición muy distinta, donde hoy en día el país pierde su rumbo pensando que tener una buena posición económica y educativa es algo negativo y lo ven como una amenaza para ciertos grupos que se instauran en el país a pasos acelerados para generar personas menos pensantes y moldeables para su propia conveniencia.

Pero, ¿qué está mal?

Está mal pensar que la gente con mayores recursos económicos debe desaparecer, cuando lo que realmente está mal es que existan personas con tanta brecha social que sea literalmente imposible lograr pasar hacia la otra cara de la moneda, ya que el puente se hace cada día más largo y difícil de cruzar. En los últimos tres años, el país debilitó las oportunidades sociales que permiten a los ciudadanos y ciudadanas tener una mejor calidad de vida, y la generación de políticas públicas se ha convertido en un ataque imparable hacia todas las instituciones públicas del país, sin mostrar interés en evaluarlas y corregir lo que se detecte como una oportunidad de mejora para garantizar su sostenibilidad y su principal objetivo: servir a las personas.

Recordemos que las políticas públicas de calidad son aquellas que se formulan para satisfacer las necesidades de toda la población, pero especialmente de aquellas personas que presentan una alta vulnerabilidad social. Factores clave como el acceso a la salud pública, la seguridad del país, la educación gratuita, el derecho a la salud sexual y reproductiva, el acceso a la vivienda, al agua potable y electricidad, así como lo que muchos políticos ven como un "lujo": un transporte público eficiente y de calidad, generan así un bienestar social para toda la población, independientemente de la clase social a la cual pertenezca, que reitero mi posición en que la clase social que no debería existir es aquella donde el percentil posiciona a la persona en la pobreza o, en el peor de los casos, en la pobreza extrema.

Cuando nos dedicamos a realizar ataques y no mostramos soluciones factibles y aplicables a todas las instituciones públicas que una vez dieron el soporte vital avanzado a esas personas que las necesitaron en su determinado momento, es como comparar la famosa frase "no le muerdas la mano a quien te dio de comer por años", se observa como si existiera un revanchismo u odio sumado a un descontento interno no superado en el tiempo. Lo más agravante es cuando se tiene voz ante la población y se validan acciones de violencia, irrespeto, odio y desprestigio a toda institución vital para las personas. Hoy por hoy, puede que no las necesitemos, pero podemos asegurar que para el futuro sí.

Es momento de que el país tome su rumbo y salgamos de esa división social que nos han querido instaurar. A todos los políticos y poderes de la República de Costa Rica, les digo que gobiernen para el pueblo, por la equidad, por una justa recolección de impuestos, por garantizar la estabilidad del país, por restaurar la seguridad, la salud y la educación pública, por la conservación del ambiente, por brindarnos mejores servicios y oportunidades para que todos y todas, que utilizan una camisa de educación física compartida, tengan la plena seguridad de que utilizando responsable y esforzadamente los recursos del Estado, pueden alcanzar lo que consideran inalcanzable. Y a los votantes, no olviden que independientemente del partido político al que pertenezcan, estudien, analicen y salgan a votar, y no a botar.

No olvidemos nuestra esencia costarricense, y espero que en las urnas logremos recuperar la paz en nuestra sociedad, ya que merecemos mucho como seres humanos y costarricenses, y no solo un desfile de vulgaridades sin soluciones como lo que hemos vivido desde hace tres años los miércoles de cada semana.

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