
Este comportamiento afecta de manera diferenciada a los hogares, las empresas y el gobierno, generando tanto ganadores como perdedores.
La reciente caída del tipo de cambio a niveles no vistos desde 2005 constituye un fenómeno de gran relevancia para la economía costarricense. Este comportamiento afecta de manera diferenciada a los hogares, las empresas y el gobierno, generando tanto ganadores como perdedores. En este informe se analiza cómo se determina el tipo de cambio, cuáles han sido los factores que han impulsado la apreciación del colón frente al dólar estadounidense en los últimos días y las implicaciones de esta tendencia sobre la competitividad, el poder adquisitivo y la estabilidad macroeconómica del país.
¿Cómo se determina el tipo de cambio en Costa Rica?
Desde 2015, Costa Rica opera bajo un régimen de flotación administrada, en el que el precio del dólar se determina por la interacción entre la oferta y la demanda de divisas. El Banco Central de Costa Rica (BCCR) interviene únicamente para evitar fluctuaciones abruptas que puedan afectar la estabilidad macroeconómica.
Una forma sencilla de comprender este mecanismo es mediante un ejemplo cotidiano: el precio del tomate. Cuando la oferta de tomates supera la demanda, el precio tiende a bajar; pero cuando la oferta es insuficiente frente a la demanda, el precio aumenta. Lo mismo ocurre con el tipo de cambio:
- Si la oferta de dólares supera la demanda, el tipo de cambio baja.
- Si la demanda supera la oferta, el tipo de cambio sube.
Comportamiento reciente del tipo de cambio
El tipo de cambio de referencia del BCCR para la venta del dólar estadounidense se ubicó en ¢491,54 el 7 de diciembre de 2025, mientras que el precio de referencia para la compra fue de ¢485,15. La última vez que el tipo de cambio de venta se aproximó a ¢491 por dólar fue en octubre de 2005; es decir, en los últimos días, el valor del dólar alcanzó niveles similares a los registrados hace veinte años.
La caída del tipo de cambio observada en las últimas dos semanas -cercana a los 8 colones- responde principalmente al fuerte aumento en la oferta de dólares en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex), impulsado en gran medida por la venta de divisas de empresas que requieren colones para cubrir el pago de aguinaldos y otras obligaciones típicas de fin de año.
Entre el 1º de enero y el 25 de noviembre de 2025, el dólar acumulaba una disminución del 2.52%. Sin embargo, la caída se profundizó durante la última semana de noviembre y la primera de diciembre. En términos acumulados, del 1º de enero al 7 de diciembre de 2025, el colón se ha apreciado un 4.13 % frente al dólar.

En el Monex, el jueves 4 de diciembre de 2025 se registró un tipo de cambio promedio ponderado de ¢488,06, el nivel más bajo desde la creación de este mercado el 6 de diciembre de 2007, cuando el promedio fue de ¢497,80.
Ante la intensidad de esta caída -de carácter estacional y típica del cierre de año-, el BCCR intervino comprando divisas para moderar el movimiento. Sin estas intervenciones, el tipo de cambio habría descendido aún más. Entre el 21 de noviembre y el 4 de diciembre, el Banco adquirió US$329,9 millones en el Monex, destacando la compra del 24 de noviembre por US$114,9 millones, la mayor intervención en un solo día desde la creación de este mercado.
Ganadores y perdedores cuando baja el tipo de cambio
La apreciación del colón genera impactos diferenciados entre hogares, empresas y el sector público.
Ganadores
- Importadores: cuando el dólar baja, las empresas importadoras necesitan menos colones para comprar cada dólar, por lo que traer productos del exterior se vuelve más barato. Esto también reduce los costos de producción para las actividades que dependen de insumos importados. Además, en sectores donde hay poca competencia, si las empresas no trasladan estos ahorros a los consumidores, pueden aumentar sus márgenes de ganancia aprovechando el menor costo de las importaciones.
- Consumidores finales: cuando el dólar baja, los productos importados se vuelven más baratos. Esto puede reflejarse en precios menores para bienes como combustibles, electrodomésticos, vehículos, tecnología y otros artículos que vienen del exterior, lo que alivia el gasto de los hogares.
- Personas deudoras en dólares con ingresos en colones: al bajar el tipo de cambio, las cuotas de los préstamos en dólares se reducen en colones, liberando parte del presupuesto mensual de los deudores. Por ejemplo, si una persona tiene un crédito en dólares con una cuota mensual de $1.000, el 1 de enero de 2023 debía desembolsar el equivalente a ¢601.990 (tipo de cambio de referencia para la venta: ¢601,99). Para el 7 de diciembre, la misma cuota equivaldría a ¢491.540 (tipo de cambio: ¢491,54), lo que representa un ahorro de ¢110.450 respecto a lo que pagaba a inicios de 2023.
- Empresas con ingresos en colones y deudas en dólares: cuando el dólar baja, las empresas que deben pagar créditos en esa moneda necesitan menos colones para cubrir sus cuotas. Esto reduce su carga financiera y libera recursos para otras necesidades operativas o de inversión.
- Personas que viajan al exterior: la caída del tipo de cambio hace que los dólares sean más baratos. Por eso, viajar, estudiar o comprar en el extranjero cuesta menos en colones, lo que abarata los gastos de quienes planean salir del país.
- Gobierno: cuando el dólar baja, el Gobierno necesita menos colones para pagar la deuda que mantiene en dólares. Esto reduce temporalmente el costo del servicio de esa deuda y le permite disponer de más recursos para atender otras obligaciones del presupuesto o evitar recurrir a nuevo endeudamiento.
Perdedores
- Exportadores: cuando el dólar baja, los productos costarricenses se vuelven relativamente más caros en el exterior, por lo que competir con otros países se hace más difícil. Además, por cada dólar que generan con sus ventas internacionales reciben menos colones al convertirlo, lo que reduce sus ingresos.
- Sector turístico: cuando el dólar baja, viajar a Costa Rica se vuelve relativamente más caro para los turistas extranjeros, porque su moneda les rinde menos aquí. Además, los hoteles,
- Empresas que compiten con bienes importados más baratos: cuando el colón se aprecia (se reduce el tipo de cambio), los productos importados se vuelven relativamente más baratos que los nacionales. Esto hace que la producción local parezca más costosa, lo que puede reducir las ventas de las empresas costarricenses. Además, sus márgenes de ganancia se ven presionados a la baja y aumenta el riesgo para su estabilidad financiera, sobre todo en sectores donde la competencia con productos externos es fuerte.
- Personas con ingresos en dólares: cuando el dólar baja, quienes reciben remesas, salarios o transferencias en esa moneda obtienen menos colones al cambiarlos. Esto reduce su poder adquisitivo y puede complicar su presupuesto mensual, especialmente si la mayoría de sus gastos se paga en colones.
- Gobierno: en Costa Rica, todos los impuestos se pagan en colones, por lo que cuando el tipo de cambio baja, las personas y empresas que reciben ingresos en dólares terminan pagando menos, ya que al convertir sus divisas obtienen una menor cantidad de colones y sobre esa base reducida se calculan sus obligaciones tributarias. A su vez, la recaudación de impuestos asociados al comercio exterior -como el IVA y el Impuesto Selectivo de Consumo- también disminuye, dado que estos se aplican sobre el valor CIF expresado en colones, el cual se reduce cuando baja el tipo de cambio. En conjunto, la apreciación del colón tiende a reducir los ingresos tributarios del Gobierno.
Efectos de mediano y largo plazo
- Pérdida de competitividad: si el colón permanece muy apreciado durante un periodo prolongado, las empresas pueden enfrentar dificultades para colocar sus productos y, en consecuencia, verse obligadas a reducir su producción o incluso retirarse del mercado, afectando la producción nacional y el empleo.
- Enfermedad holandesa: la evidencia histórica muestra que una apreciación fuerte y sostenida de la moneda local puede debilitar o incluso destruir la base productiva nacional, al ser desplazada por bienes externos relativamente más baratos (pérdida de competitividad), fenómeno conocido como “enfermedad holandesa”[1].
- Un ganador se puede convertir en perdedor: un tipo de cambio bajo abarata productos importados, reduce el costo de los viajes al exterior y disminuye las cuotas de los créditos en dólares (calculadas en colones). Sin embargo, estos beneficios se diluyen si la persona pierde su empleo por la menor competitividad del sector productivo en el que trabaja.
- Efecto rebote: los precios suelen bajar lentamente cuando el tipo de cambio disminuye, pero aumentan con rapidez cuando el dólar repunta. Un ajuste brusco del tipo de cambio podría afectar de manera significativa tanto a los hogares como a las empresas.
- Endeudamiento en dólares: contraer un crédito en dólares cuando los ingresos se reciben principalmente en colones siempre implica un riesgo. En el contexto actual, este riesgo es aún mayor, ya que un repunte futuro del tipo de cambio, a partir de los niveles actuales, podría encarecer de manera considerable tanto las cuotas mensuales como el saldo adeudado. Por ello, antes de asumir una deuda en una moneda distinta a la de los ingresos, es indispensable analizar cuidadosamente la capacidad de pago bajo distintos escenarios de aumento del tipo de cambio. Por ejemplo, si una persona con ingresos en colones adquiere hoy un crédito en dólares con una cuota mensual de $1.000, deberá desembolsar actualmente ¢491.540. Si el tipo de cambio aumenta un 10% (hasta ¢540,69), la cuota se incrementaría en ¢49.154.
La reciente disminución del tipo de cambio se explica principalmente por factores estacionales propios del cierre de año y por un incremento temporal en la oferta de divisas. Si bien la apreciación del colón reduce los costos para importadores, consumidores y deudores en dólares, también afecta la competitividad de los sectores exportador y turístico, y disminuye el poder adquisitivo de quienes perciben ingresos en moneda extranjera. De prolongarse esta tendencia, podría comprometer la estabilidad financiera de numerosas empresas y generar efectos negativos sobre la producción y el empleo en el país.
El Observatorio Económico y Social de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (OES-UNA) reitera la importancia de que el BCCR exija a los intermediarios cambiarios autorizados un registro más detallado del origen de los dólares transados, con el fin de identificar con mayor claridad la fuente del exceso de divisas que se viene observando desde el 2023 y actuar de manera más precisa sobre los factores que influyen en la determinación del precio del dólar.
Analisis realizado por M.Sc. Roxana Morales Ramos, Economista, Coordinadora OES-UNA y M.Sc. Fernando Rodríguez Garro Economista, Investigador, OES-UNA
