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Eficiencia energética y tarifas eléctricas: por qué cada vez más empresas están reduciendo costos sin grandes inversiones

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Mientras muchas empresas aún desconocen cómo se les cobra la electricidad, otras ya están reduciendo hasta un 30 % de su factura mediante eficiencia energética y beneficios tarifarios vigentes.

Durante el cierre del año, muchas empresas revisan presupuestos, ajustan proyecciones y buscan formas de controlar uno de sus costos más sensibles: la electricidad. Sin embargo, una parte importante del sector productivo costarricense sigue tomando decisiones sin tener claridad sobre cómo consume la energía, dónde se generan los mayores gastos o incluso si la tarifa que paga es la adecuada para su operación.

A esto se suma un factor menos conocido: los beneficios tarifarios asociados al Plan Nacional de Descarbonización, diseñados precisamente para incentivar la eficiencia energética en el sector productivo. Según especialistas del sector, la falta de información y los mitos alrededor de estos instrumentos siguen siendo una barrera para que más empresas los aprovechen.

Cuando la eficiencia deja de verse como un costo

Para Grupo Ingesa, empresa costarricense de servicios de energía especializada en eficiencia energética e implementación de la norma internacional ISO 50001, el punto de quiebre ocurre cuando las empresas reciben el acompañamiento adecuado.

De acuerdo con su gerente general, Javier Espinoza, todavía persiste la idea de que la eficiencia energética es compleja, costosa o inaccesible:

En Ingesa partimos de una regla de oro: todo proyecto de eficiencia energética debe ser rentable, según los propios criterios de la empresa”.

Ese enfoque permite trabajar desde medidas de inversión cero —como ajustes operativos, mantenimiento o cambios en hábitos de consumo— hasta proyectos de modernización más ambiciosos. El objetivo, señala Espinoza, es transformar la energía en una ventaja competitiva, no en un gasto inevitable.

Un modelo distinto al de la consultoría tradicional

A diferencia del esquema clásico de consultoría, Ingesa opera como una empresa de servicios de energía. Su modelo se basa en integrar a la organización cliente una figura clave: el gestor energético, quien trabaja de forma continua dentro de la empresa bajo una metodología conocida como out-tasking.

El gestor energético no llega a generar más trabajo interno, sino a hacer la ‘carpintería’ necesaria para que la empresa tome decisiones con datos útiles”, explica Espinoza. Ese acompañamiento permanente permite gestionar el consumo energético de acuerdo con el estándar ISO 50001, sin trasladar la carga operativa al personal del cliente.

En algunos casos, además, el servicio se estructura bajo un modelo de riesgo compartido, en el que el pago se cubre con parte de los ahorros generados, reduciendo la necesidad de inversión inicial.

Resultados medibles en empresas de distintos tamaños

Los efectos de este enfoque se reflejan en casos concretos. En el sector pyme, la empresa All Pack reportó una mejora del 31 % en su eficiencia energética entre 2022 y 2024, pasando de 0,58 a 0,4 kWh por kilogramo producido. Según datos de la empresa, esto equivale a un indicador de rentabilidad de $3.988 por cada tonelada de CO₂ evitada, logrado principalmente mediante mejoras operativas, corrección de fugas de aire comprimido y ajustes en mantenimiento, muchas de ellas sin inversiones significativas.

En una organización de mayor complejidad, como Lincoln School, la implementación del sistema de gestión de energía permitió una reducción del 4,63 % en el consumo energético respecto al año base 2023, así como una mejora del 31,93 % en el indicador de kWh por persona en el área de Facilities. Un proyecto específico de iluminación exterior generó, en apenas tres meses, una reducción del 44,68 % del consumo, con ahorros económicos y disminución de emisiones.

Patrones comunes y ahorros relevantes

A partir del acompañamiento a más de 80 empresas, Ingesa identifica patrones claros: el principal obstáculo sigue siendo el desconocimiento y la persistencia de mitos sobre la eficiencia energética. No obstante, los resultados tienden a repetirse.

Según datos de la empresa, el ahorro promedio en la factura eléctrica mensual ronda el 30 %, con plazos de implementación cercanos a cuatro meses. El impacto económico anual varía según el tamaño de la organización, con reportes que van desde ₡20 millones hasta más de ₡100 millones en ahorro en empresas de gran escala o bajo regímenes especiales como Zona Franca.

Tarifas eléctricas y el desafío hacia 2026

De cara a las tarifas eléctricas del 2026, Espinoza subraya que el primer paso para las empresas es verificar si la tarifa que utilizan es realmente la adecuada para su giro de negocio. En particular, menciona la importancia de asesorarse oportunamente sobre el acceso a beneficios como la tarifa TMT-B, vinculada a procesos de electrificación y eficiencia.

El tema, advierte, no está exento de tensiones. “Existe una fuerte desinformación en torno a las tarifas eléctricas y una discusión abierta sobre su sostenibilidad y acceso”, señala, aludiendo a debates recientes sobre el futuro de ciertos esquemas tarifarios y la necesidad de mayor seguridad jurídica para las empresas que apuestan por la descarbonización.

Decisiones informadas, el factor clave

Más allá de certificaciones o incentivos específicos, el mensaje central es claro: conocer cómo se consume la energía, cómo se factura y qué opciones pueden marcar una diferencia significativa en la competitividad de una empresa.

En un contexto donde la sostenibilidad dejó de ser solo un compromiso ambiental para convertirse en una variable económica concreta, la eficiencia energética aparece cada vez más como una herramienta estratégica —siempre que se aborde con información confiable y acompañamiento técnico adecuado.