Durante las últimas elecciones presidenciales y municipales ha habido un factor común: el porcentaje de abstencionismo ha aumentado de forma constante. En las elecciones nacionales de 2022, cerca del 40% del padrón electoral no acudió a las urnas a ejercer el sufragio, y en las elecciones municipales este indicador superó el 60%. Lo anterior refleja que muchos votantes no encuentran un candidato que los represente o, simplemente, no sienten interés por los temas políticos.

La más reciente encuesta realizada por OPOL Consultores muestra un escenario en el que los indecisos representan cerca del 34%. Es decir, si estos votantes no concretan su decisión para el 1 de febrero de 2026, el abstencionismo podría rondar esa cifra. Si bien aún resta ocho semanas para las elecciones, resulta importante analizar este indicador y observar cómo cambiará en enero, mes en el que muchos indecisos eligen finalmente el candidato en quien depositar su confianza.

El llamado a los indecisos para que voten y no terminen absteniéndose radica en que, aunque puede parecer que su influencia individual en la política es mínima, un voto significa mucho más que marcar una casilla en la papeleta. Puede representar cuatro años de un gobierno que trabaja por el beneficio de las mayorías, o uno que actúa en función de minorías, situación que ha sido frecuente. De allí surge la importancia de comprender que la política sí afecta nuestras vidas: un gobierno irresponsable con el gasto puede generar grandes déficits fiscales que finalmente paga la ciudadanía mediante más impuestos; por el contrario, un gobierno que contiene el gasto y sostiene la deuda pública puede, a largo plazo, generar condiciones para disminuir la carga tributaria, al contar con un mayor margen de maniobra para prescindir de ciertos ingresos vía impuestos.

Además, cuatro años puede significar el fortalecimiento o el deterioro de la educación pública, que es el espacio al que acuden muchas familias que no poseen la capacidad de enviar a sus hijos a centros educativos privados y confían en la educación que el Estado les provee. Esto implica un impacto directo sobre niños y jóvenes. Asimismo, la calidad de la educación pública es una herramienta fundamental en la lucha contra la pobreza, pues determina las oportunidades futuras de miles de estudiantes.

Del mismo modo, una administración puede abordar la lucha contra la pobreza desde enfoques muy distintos. Puede recurrir a un asistencialismo desmedido que, lejos de reducir las brechas sociales, incrementa el gasto público y termina traduciéndose en mayores impuestos para la ciudadanía. O bien puede apostar por políticas que fortalezcan las capacidades de las personas, como la educación, la formación para el empleo y el impulso a la productividad, permitiendo que las familias construyan autonomía económica y rompan de manera sostenible los ciclos de pobreza. Este contraste evidencia que las decisiones políticas tienen efectos profundos y duraderos en la calidad de vida de la población.

Lo anterior son ejemplos del cómo la política incide en la vida cotidiana de la ciudadanía. El argumento de que ningún candidato representa plenamente al elector se debilita al analizar los planes de gobierno y las propuestas de cada aspirante presidencial, donde se evidencia diferentes temas como seguridad, deuda pública, educación, ambiente, entre otros. Es importante recordar que la democracia no es sólo un derecho individual, sino también una responsabilidad colectiva. Por ello, no votar es un acto individual inicuo: es una decisión que debilita la voz colectiva.

En última instancia, como advirtió Platón, el precio de desatenderse a la política, es ser gobernado por los peores. Abstenerse no eliminan las consecuencias de la política: al contrario, ellas recaen con más fuerza sobre quienes deciden no participar. La política impacta nuestra educación, nuestros ingresos, nuestros impuestos y nuestras oportunidades. Votar no soluciona todos los problemas, pero no votar los empeora. La decisión está entre participar y elegir o permitir que otros definan el rumbo del país y nuestra voz.

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